En la otra puerta

Los seis sellos y las cuatro puertas

Los seis sellos y las cuatro puertas, de Jorge Manuel  Laso

Jorge Manuel Laso

2008 - Teatro

“El laberinto de Matusalén”, “La parábola proscripta” y “La alianza de los Reyes Magos” son algunas de las obras de teatro presentes en el libro. La aparición de personajes variados conduce a una obra versátil, coloquial, por momentos entretenida, con tintes nacionales y bien argentinos.

Obras de Jorge Manuel Laso

  • 2008 - Los seis sellos y las cuatro puertas - (Teatro)
  • 2006 - La sinfónica del papiro - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1914 nace Nicanor Parra

    5 de septiembre de 1914 - Nace Nicanor Parra

    Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia, Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso; Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan: No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo; Ya que nosotros mismos no somos más que seres (Como el dios mismo no es otra cosa que dios) Ya que no hablamos para ser escuchados Sino que para que los demás hablen Y el eco es anterior a las voces que lo producen, Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos En el jardín que bosteza y que se llena de aire, Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir Para poder resucitar después tranquilamente Cuando se ha usado en exceso de la mujer; Ya que también existe un cielo en el infierno, Dejad que yo también haga algunas cosas: Yo quiero hacer un ruido con los pies Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

    ¿A qué cuento pertenece la inolvidable frase ''Ésto lo estoy tocando mañana''?

    Antonio Barnés Vázquez.

    Antonio Barnés Vázquez.

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Barrio sin luz

    ¿Se va la poesía de las cosas
    o no la puede condensar mi vida?
    Ayer —mirando el último crepúsculo—
    yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

    Las ciudades —hollines y venganzas—,
    la cochinada gris de los suburbios,
    la oficina que encorva las espaldas,
    el jefe de ojos turbios.

    Sangre de un arrebol sobre los cerros,
    sangre sobre las calles y las plazas,
    dolor de corazones rotos,
    podre de hastíos y de lágrimas.

    Un río abraza el arrabal
    como una mano helada que tienta en las tinieblas:
    sobre sus aguas se avergüenzan
    de verse las estrellas.

    Y las casas que esconden los deseos
    detrás de las ventanas luminosas,
    mientras afuera el viento
    lleva un poco de barro a cada rosa.

    Lejos... la bruma de las olvidanzas
    —humos espesos, tajamares rotos—,
    y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
    los bueyes y los hombres sudorosos.

    Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
    mordiendo solo todas las tristezas,
    como si el llanto fuera una semilla
    y yo el único surco de la tierra.

    Pablo Neruda

    Crepusculario (1923)
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