En la otra puerta

La sinfónica del papiro

La sinfónica del papiro, de Jorge Manuel  Laso

Jorge Manuel Laso

2006 - Poesía

El amor, postales urbanas de este tiempo, incógnitas y señales de la soledad y retratos de personajes asequibles, son los temas que atraviesan los poemas de esta obra para dejar su herida, su nostalgia, su deseo, y salpicarse de a intervalos con letras musicales.

Obras de Jorge Manuel Laso

  • 2008 - Los seis sellos y las cuatro puertas - (Teatro)
  • 2006 - La sinfónica del papiro - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1914 nace Nicanor Parra

    5 de septiembre de 1914 - Nace Nicanor Parra

    Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia, Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso; Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan: No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo; Ya que nosotros mismos no somos más que seres (Como el dios mismo no es otra cosa que dios) Ya que no hablamos para ser escuchados Sino que para que los demás hablen Y el eco es anterior a las voces que lo producen, Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos En el jardín que bosteza y que se llena de aire, Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir Para poder resucitar después tranquilamente Cuando se ha usado en exceso de la mujer; Ya que también existe un cielo en el infierno, Dejad que yo también haga algunas cosas: Yo quiero hacer un ruido con los pies Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

    ¿En cuántas partes se publicó Martín Fierro?

    Noé Jitrik:

     Noé Jitrik:

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La suma

    Ante la cal de una pared que nada
    nos veda imaginar como infinita
    un hombre se ha sentado y premedita
    trazar con rigurosa pincelada
    en la blanca pared el mundo entero:
    puertas, balanzas, tártaros, jacintos,
    ángeles, bibliotecas, laberintos,
    anclas, Uxmal, el infinito, el cero.
    Puebla de formas la pared. La suerte,
    que de curiosos dones no es avara,
    le permite dar fin a su porfía.
    En el preciso instante de la muerte
    descubre que esa vasta algarabía
    de líneas es la imagen de su cara.

    Jorge Luis Borges

    Los conjurados (1985)
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