Novela en la que circula un personaje de novela (el "vendedor de historias" de Tabucchi), en la que individuos de carne y hueso adquieren por mérito de la palabra consistencia inefable de personajes, en la que se dice la búsqueda de un nombre de mujer extraviado en el boscaje de los textos italianos del siglo XIX y en que un poeta de los grandes nos brinda el rostro que la fotografía ha captado tres días antes de su muerte, Bitácora de lluvia es, también, un relato con escenario preciso: Buenos Aires. (Están los cafés del bar, la librería y la lluvia; los portones ferroviarios miran pasar los colectivos).
Edgardo Lois se sirve de una prosa remansadamente musical para ceñir por un instante seres, libros, ámbitos. Sus cesuras, esos puntos suspensivos que jalonan los diálogos, son invitaciones a que el lector diga su palabra, a que entre en la ficción, a que se constituya en personaje de Bitácora de lluvia, novela bella y melancólica.
Gabriel Montergous
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Boca como herida abierta
Sangra hambre
Sangra sed
Sangra sangre que sangra
Este edén es irreal, yo no lo habito
Todo es arena que corre, que cae
A mi lado
Hombres ciegos azotan en el aire
Quién puede ocultar el cuerpo del flagelo
El que muere de sed
El mendigo intocable
Tierra fértil sin manos y sin ojos
Hombres turbios que derramas
Opacos como nube