Heliogábalo o el anarquista coronado

Antonin Artaud

1934 -

"Querría hacer un libro que perturbe, que sea como una puerta abierta con acceso a un lugar al que nadie hubiera consentido en ir; una puerta simplemente conectada con la realidad"

Antonin Artaud

Obras de Antonin Artaud

  • 1924 - Tric Trac del cielo
  • 1925 - El ombligo de los limbos
  • 1927 - El pesa-nervios
  • 1929 - El arte y la muerte
  • 1934 - Heliogábalo o el anarquista coronado
  • 1935 - Los Cenci
  • 1938 - El teatro y su doble
  • 1946 - Cartas desde Rodez
  • 1947 - Van Gogh el suicidado por la sociedad
  • 1948 - Para terminar con el juicio de Dios
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Muere Jean Paul Sartre
    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    ¿Cuál es el título del primer relato de La guerra gaucha, de Leopoldo Lugones?

    Antonio Barnés Vázquez.

    Antonio Barnés Vázquez.

    La de antes

    La de antes

    Por Delfina Acosta

    El poema de hoy

    Grumete

    ¡No pruebes tú los licores!
    ¡Tú no bebas!
    ¡Marineros bebedores,
    los de las obras del puerto,
    que él no beba!
    ¡Que él no beba, pescadores!
    ¡Siempre sus ojos abiertos,
    siempre sus labios despiertos
    a la mar, no a los licores.
    ¡Que él no beba!

    ¡Jee, compañero, jee, jee!
    ¡Un toro azul por el agua!
    ¡Ya apenas si se le ve!
    -¿Quééé?
    -¡Un toro por el mar, jee!

    -¡Traje mío, traje mío,
    nunca te podré vestir,
    que al mar no dejan ir.

    Nunca me verás, ciudad,
    con mi traje marinero.
    Guardado está en el ropero,
    ni me lo dejan probar.
    Mi madre me lo ha encerrado,
    para que no vaya al mar.

    Retorcedme sobre el mar,
    al sol, como si mi cuerpo
    fuera el jirón de una vela.
    Exprimid toda mi sangre.
    Tended a secar mi vida
    sobre las jarcias del muelle.
    Seco, arrojadme a las aguas
    con una piedra en el cuello
    para que nunca más flote.
    Le di mi sangre a los mares.
    ¡Barcos, navegad por ella!
    Debajo estoy yo, tranquilo.

    Rafael Alberti

    Marinero en tierra (1925)
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