En la otra puerta

Antonin Artaud

Escritor francés Escritor francés

Antonin Artaud
Artaud nació en Marsella el 4 de septiembre de 1896 y se educó en la misma ciudad. Su padre era un armador casado con una mujer de ascendencia griega.
Cuando era estudiante en el colegio del Sagrado Corazón, el joven Antonin sufrió sus primeros delirios con tan solo 16 años, por aquellos mismos días acababa de descubrir la poesía. Tras permanecer 6 años recluido, la mejoría que experimentó en 1918 le permitió volver a la calle. Reunió sus primeros versos bajo el título de 'Trictac del ciel' (1924). A raíz de la publicación entró en contacto con André Breton, quien acaba de hacer público a su vez el primer manifiesto surrealista.
Artaud se trasladó a París en 1920. Fue cofundador del Théâtre Alfred Jarry en 1927, en el que produjo varias obras, incluyendo una suya Los Cenci (1935), una ilustración de su concepto de Teatro de la Crueldad. Artaud utilizó este término para definir un nuevo teatro que debía minimizar la palabra hablada y dejarse llevar por una combinación de movimiento físico y gesto, sonidos inusuales, y eliminación de las disposiciones habituales de escenario y decorados. Con los sentidos desorientados, el espectador se vería forzado a enfrentarse al fuero interno, a su ser esencial, despojado de su civilizada coraza.
Impedido siempre por enfermedades físicas y mentales crónicas, Artaud fue incapaz de poner sus teorías en práctica. Su libro El Teatro y su Doble (1938; trad. 1978) describe fórmulas teatrales que más tarde, sin embargo, se convirtieron en las señas de identidad del movimiento de teatro en grupo, el teatro de la crueldad, teatro del absurdo, teatro ritual y de entorno.
Tal vez fueran sus concepciones del teatro las que llevaron a Artaud a buscar trabajo como actor de cine. Su actividad cinematográfica, que también le lleva a escribir guiones, no le impide seguir elaborando sus teorías teatrales.
Tras el fracaso que supone el estreno de Los Cenci en 1935, drama basado en el relato de Stendhal, Artaud abandona definitivamente el medio. Abominando de la cultura occidental, parte a México, donde vivirá durante varios meses con los indios tarahumaras, habitantes de la Sierra Madre y consumidores habituales de peyote y demás hongos alucinógenos.
De nuevo en Europa (1937) publica Los tarahumara y viaja a Irlanda.
En Dublín vivirá en la más absoluta pobreza, pero será durante la travesía de regreso a Francia cuando sus delirios vuelven a llevarle al manicomio apenas toca tierra. En esta ocasión permanecerá diez años recluido. Cuando regresa a París, en 1947, es reconocido como el padre de la nueva escena.
Una recopilación de sus ensayos aparecida en 1938 con el título de El teatro y su doble ha hecho que el antiguo alucinado ahora sea un genio. Convertido en el gran visionario del teatro contemporáneo, publica Cartas desde Rodez (1946) y Van Gogh el suicidado por la sociedad (1947). Su obra más conocida, Para terminar con el juicio de Dios (1948), es póstuma: Antonin Artaud muere el 4 de marzo de ese mismo año, unos meses antes de su llegada a las librerías.

Obras de Antonin Artaud

  • 1935 - Los Cenci - (Teatro)
  • 1924 - Tric Trac del cielo - (Poemas)
  • Textos para leer de Antonin Artaud

  • Junto a mí, el dios-perro (Poema)
  • Texto Surrealista (Texto)
  • Uccello el Pelo (Texto)
  • Otros autores

    A

  • Marcos Aguinis
  • Marielena Aimar
  • Rafael Alberti
  • Liliana Aleman
  • Isabel Allende
  • José María Arguedas
  • Roberto Arlt
  • Antonin Artaud
  • Paul Auster
  • B

  • Enrique Banchs
  • Norberto Barleand
  • Osvaldo Bayer
  • Samuel Beckett
  • Gustavo Adolfo Bécquer
  • Patricia Bence Castilla
  • Mario Benedetti
  • Adolfo Bioy Casares
  • Marcelo Birmajer
  • Ana Bisignani
  • Isidoro Blaisten
  • Giovanni Boccaccio
  • Jorge Luis Borges
  • Bertolt Brecht
  • André Breton
  • Silvina Bullrich
  • Miguel Ángel Bustos
  • C

  • Martín Caparrós
  • Truman Capote
  • Ricardo Cardone
  • Evaristo Carriego
  • Alejandro Casona
  • Rosario Castellanos
  • Leopoldo Castilla
  • Abelardo Castillo
  • Jorge A. Colombo
  • Haroldo Conti
  • Julio Cortázar
  • D

  • Rubén Darío
  • Francisco de Quevedo
  • Pablo de Rokha
  • Elisa Dejistani
  • Estanislao del Campo
  • Sonia Del Papa
  • Marco Denevi
  • María Elena Disandro
  • Fiódor Dostoievski
  • Marguerite Duras
  • E

  • Esteban Echeverría
  • Umberto Eco
  • F

  • Lorena Falcón
  • William Faulkner
  • José Pablo Feinmann
  • Macedonio Fernández
  • Baldomero Fernández Moreno
  • Roberto Fontanarrosa
  • Michel Foucault
  • G

  • Eduardo Galeano
  • Claudio García Fanlo
  • Leonor García Hernando
  • Federico García Lorca
  • Gabriel García Márquez
  • Juan Gelman
  • Dora Giannoni
  • Mempo Giardinelli
  • Oliverio Girondo
  • Johann Wolfgang Goethe
  • Raúl González Tuñón
  • Fernando Jorge Goyanarte
  • Graham Greene
  • René Guy de Maupassant
  • H

  • Ernest Hemingway
  • Miguel Hernández
  • Felisberto Hernández
  • Hermann Hesse
  • Julio Huasi
  • I

  • Rodrigo Illescas
  • J

  • James Joyce
  • K

  • Franz Kafka
  • Milan Kundera
  • L

  • Leónidas Lamborghini
  • Jorge Manuel Laso
  • Doris Lessing
  • Luisa Mercedes Levinson
  • Edgardo Lois
  • Leopoldo Lugones
  • M

  • Antonio Machado
  • Naguib Mahfuz
  • Eduardo Mallea
  • Nicolás Manservigi
  • Homero Manzi
  • Leopoldo Marechal
  • Paula Margules
  • José Martí
  • Gabriela Mistral
  • Manuel Mujica Lainez
  • N

  • Pablo Neruda
  • Amado Nervo
  • Friedrich Nietzsche
  • O

  • Olga Orozco
  • P

  • Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)
  • Orhan Pamuk
  • Nicanor Parra
  • Cesare Pavese
  • Octavio Paz
  • Fernando Pessoa
  • Ricardo Piglia
  • Felipe Pigna
  • Harold Pinter
  • Alejandra Pizarnik
  • Edgar Allan Poe
  • Javier Prado
  • Manuel Puig
  • Q

  • Horacio Quiroga
  • R

  • Fortunato Ramos
  • Laura Restrepo
  • Rainer María Rilke
  • Andrés Rivera
  • Augusto Roa Bastos
  • Andrés Javier Rolando
  • Joanne K. Rowling
  • Juan Rulfo
  • Zulema Ruybal
  • S

  • Ernesto Sabato
  • Juan José Saer
  • Genma Sánchez
  • Roberto Jorge Santoro
  • José Saramago
  • Beatriz Sarlo
  • Ana María Shua
  • Osvaldo Soriano
  • Fernando Sorrentino
  • Francisco Squeo Acuña
  • Alfonsina Storni
  • María del Carmen Suárez
  • T

  • Héctor Tizón
  • Nicolás Tripaldi
  • U

  • Miguel de Unamuno
  • V

  • César Vallejo
  • Mario Vargas Llosa
  • David Viñas
  • W

  • Rodolfo Walsh
  • Walt Whitman
  • Oscar Wilde
  • Virginia Woolf
  • Y

  • William Yeats
  • ¿En cuántas partes se publicó Martín Fierro?

    Fortunato Ramos

    Fortunato Ramos

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La casa

    Temible y aguardada como la muerte misma
    se levanta la casa.
    No será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
    Nada. Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.

    Porque día tras día
    aquellos que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
    han partido,
    y su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
    todo el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
    la duración exacta de la vida.

    Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,
    reclinados en las altas ventanas
    como en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
    para restituir cada mirada a su propio destino;
    y a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria nos saluda:
    el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
    como a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.

    Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha
    lo mismo que a un disperso jardín que el viento recupera.

    Contemplemos aún los claros aposentos,
    las pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival,
    las aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como mariposas en la lejanía,
    nuestra imagen fugaz
    detenida por siempre en los espejos de implacable destierro,
    las flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor inmortal de la melancolía,
    y también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
    ese rumor tan dulce de la hierba;
    y perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante
    del mundo;
    y allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
    de un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.

    Nadie pudo ver nunca la incesante morada
    donde todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.
    Mas nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
    por el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y
    la tristeza,
    aquello que quisimos.

    Nosotros lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
    el porvenir se alzó como una nube del último recinto,
    el último, el vedado,
    con nuestra sombra eterna entre la sombra.

    Acaso lo sabían ya nuestros corazones.

    Olga Orozco

    Desde lejos (1946)
    enlaotrapuerta.com.ar - Archivo de noticias