En la otra puerta

Walt Whitman

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Walt Whitman
Walter Whitman nació el 31 de mayo de 1819 en Long Island, estado de Nueva York. A temprana edad leía la Biblia, los poetas de Grecia e India, Shakespeare y Dante. Colaboró en una decena de periódicos y en la Democratic Review, en la que publicó algunos cuentos. Además de periodista se desempeñó como maestro e impresor.
A los treinta y un años adoptó el nombre abreviado de Walt y se entregó de lleno a la elaboración de su proyecto literario: la concepción de Hojas de hierba.

Obras de Walt Whitman

  • 1855 - Hojas de hierba - (Poesía)
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    Ricardo Piglia

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Avanti

    ¡Avanti!

    Si te postran diez veces, te levantas
    otras diez, otras cien, otras quinientas:
    no han de ser tus caídas tan violentas
    ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
    Con el hambre genial con que las plantas
    asimilan el humus avarientas,
    deglutiendo el rencor de las afrentas
    se formaron los santos y las santas.
    Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
    nada más necesita la criatura,
    y en cualquier infeliz se me figura
    que se mellan los garfios de la suerte...
    ¡Todos los incurables tienen cura
    cinco segundos antes de su muerte!

    ¡Piu Avanti!

    No te des por vencido, ni aun vencido,
    no te sientas esclavo, ni aun esclavo;
    trémulo de pavor, piénsate bravo,
    y arremete feroz, ya mal herido.
    Ten el tesón del clavo enmohecido
    que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;
    no la cobarde estupidez del pavo
    que amaina su plumaje al primer ruido.
    Procede como Dios que nunca llora;
    o como Lucifer, que nunca reza;
    o como el robledal, cuya grandeza
    necesita del agua y no la implora...
    Que muerda y vocifere vengadora,
    ya rodando en el polvo, tu cabeza!

    ¡Molto piu Avanti!

    Los que vierten sus lágrimas amantes
    sobre las penas que no son sus penas;
    los que olvidan el son de sus cadenas
    para limar las de los otros antes;
    Los que van por el mundo delirantes
    repartiendo su amor a manos llenas,
    caen, bajo el peso de sus obras buenas,
    sucios, enfermos, trágicos,... ¡sobrantes!
    ¡Ah! ¡Nunca quieras remediar entuertos!
    ¡nunca sigas impulsos compasivos!
    ¡ten los garfios del Odio siempre activos
    los ojos del juez siempre despiertos!
    ¡Y al echarte en la caja de los muertos,
    menosprecia los llantos de los vivos!

    ¡Molto piu Avanti ancora!

    El mundo miserable es un estrado
    donde todo es estólido y fingido,
    donde cada anfitrión guarda escondido
    su verdadero ser, tras el tocado:
    No digas tu verdad ni al mas amado,
    no demuestres temor ni al mas temido,
    no creas que jamas te hayan querido
    por mas besos de amor que te hayan dado.
    Mira como la nieve se deslíe
    sin que apostrofe al sol su labio yerto,
    cómo ansia las nubes el desierto
    sin que a ninguno su ansiedad confíe...
    ¡Trema como el infierno, pero rie!
    ¡Vive la vida plena, pero muerto!

    ¡Moltíssimo piu Avanti ancora!

    Si en vez de las estúpidas panteras
    y los férreos estúpidos leones,
    encerrasen dos flacos mocetones
    en esa frágil cárcel de las fieras,
    No habrían de yacer noches enteras
    en el blando pajar de sus colchones,
    sin esperanzas ya, sin reacciones
    lo mismo que dos plácidos horteras;
    Cual Napoleones pensativos, graves,
    no como el tigre sanguinario y maula,
    escrutarían palmo a palmo su aula,
    buscando las rendijas, no las llaves...
    ¡Seas el que tú seas, ya lo sabes:
    a escrutar las rendijas de tu jaula!

    Pedro Bonifacio Palacios (Almafuerte)

    Nuevas Poesías (1918)
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