Escritor francés
Guy de Maupassant fue un célebre escritor francés, considerado uno de los mayores maestros del cuento realista y naturalista. Protegido de Gustave Flaubert, destacó por su estilo conciso y directo, retratando la sociedad francesa, la guerra franco-prusiana y la psicología humana en obras como Bola de sebo y Bel-Ami.
Primeros años y formación
Nacimiento: Nació el 5 de agosto de 1850 en el castillo de Miromesnil, Normandía, en una familia burguesa.
Influencia materna: Tras la separación de sus padres, creció bajo el cuidado de su madre, Laure Le Poittevin, quien lo introdujo en la literatura.
Educación: Estudió en un seminario del que fue expulsado por su aversión a la religión, terminando sus estudios en Rouen.
Guerra Franco-Prusiana: En 1870, interrumpió sus estudios de derecho para alistarse como voluntario, experiencia que marcó su crudo realismo narrativo.
Carrera Literaria y Estilo
Mentoría de Flaubert: Gustavo Flaubert, amigo de su madre, fue su mentor y le enseñó la precisión en la observación.
Consagración (1880): Publicó su obra maestra "Bola de sebo" (Boule de Suif) en la colección Les Soirées de Médan, alcanzando reconocimiento inmediato.
Prolificidad: En solo una década (1880-1890), escribió más de 300 cuentos y seis novelas.
Temas: Exploró la hipocresía social, la vida rural de Normandía, la guerra y, en sus últimos años, el terror psicológico y la locura, destacando su cuento "El Horla".
Vida Personal y Muerte
Salud y enfermedad: Contrajo sífilis en 1876, la cual afectó su salud física y mental durante años.
Colapso: Tras intentar suicidarse en 1892, fue internado en la clínica del Dr. Blanche en París.
Fallecimiento: Murió el 6 de julio de 1893, poco antes de cumplir 43 años, a causa de la sífilis terciaria.
Empuña su lanza Don Quijote
Los ojos surcan las parcelas del desierto
Salta Rocinante las cercas que las unen
Todo es arena tendida entre horizontes
Por delante, el portador de todos los destinos
Por detrás, aquél que lo despoja de la historia
Embiste Rocinante la arena con sus cascos
Fiel a la orden del noble caballero
No sabe Dulcinea del valor de tal hazaña
No sabe del valor de su nombre en el hidalgo
Son tres los gigantes invasores
Brotaron de la arena misteriosa
No amedrenta al caballero el devenir incierto
Giran las aspas como tiempo y giran
El viento arrastra las agujas del gigante
Consumen las horas escasas y fugaces
Cava el aire la lanza del Quijote
Clava el ojo de la inmortal saeta
Yace el gigante tendido en el desierto
Junto a él yace el tiempo detenido
Unge Sancho al valeroso caballero