En la otra puerta

Qué solos se quedan los muertos

Mempo Giardinelli

1985 - Novela

Obras de Mempo Giardinelli

  • 2004 - Visitas después de hora - (Novela)
  • 2004 - El país y sus intelectuales. Historia de un desencuentro - (Ensayo)
  • 2003 - Cuestiones interiores - (Novela)
  • 2003 - México: El exilio que hemos vivido (En colaboración con Jorge Luis Bernetti) - (Ensayo)
  • 2002 - Diatriba por la Patria. Apuntes sobre la disolución de la Argentina - (Ensayo)
  • 2000 - Final de novela en Patagonia - (Novela)
  • 1999 - El Décimo Infierno - (Novela)
  • 1998 - El País de las Maravillas. Los argentinos en el Fin del Milenio - (Ensayo)
  • 1995 - Imposible Equilibrio - (Novela)
  • 1992 - Así se escribe un cuento - (Ensayo)
  • 1991 - Santo Oficio de la Memoria - (Novela)
  • 1985 - Qué solos se quedan los muertos - (Novela)
  • 1984 - El Género Negro (Ensayo sobre novela policial) - (Ensayo)
  • 1983 - Luna caliente - (Novela)
  • 1981 - El cielo con las manos - (Novela)
  • 1980 - La revolución en bicicleta - (Novela)
  • ¿En qué obra aparece la muerte representada por una bella mujer llamada La Peregrina?

    Entrevista al escritor argentino Hugo Mujica

    Entrevista al escritor argentino Hugo Mujica

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Caminata

    Olorosa como un mate curado
    la noche acerca agrestes lejanías
    y despeja las calles
    que acompañan mi soledad,
    hechas de vago miedo y de largas líneas.

    La brisa trae corazonadas de campo,
    dulzura de las quintas, memorias de los álamos,
    que harán temblar bajo rigideces de asfalto
    la detenida tierra viva
    que oprime el peso de las casas.

    En vano la furtiva noche felina
    inquieta los balcones cerrados
    que en la tarde mostraron
    la notoria esperanza de las niñas.

    También está el silencio en los zaguanes.
    En la cóncava sombra
    vierten un tiempo vasto y generoso
    los relojes de la medianoche magnífica,
    un tiempo caudaloso
    donde todo soñar halla cabida,
    tiempo de anchura de alma, distinto
    de los avaros términos que miden
    las tareas del día.

    Yo soy el único espectador de esta calle;
    si dejara de verla se moriría.
    (Advierto un largo paredón erizado
    de una agresión de aristas
    y un farol amarillo que aventura
    su indecisión de luz.
    También advierto estrellas vacilantes).

    Grandiosa y viva
    como el plumaje oscuro de un Ángel
    cuyas alas tapan el día,
    la noche pierde las mediocres calles.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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