En la otra puerta

Santo Oficio de la Memoria

Santo Oficio de la Memoria , de Mempo Giardinelli

Mempo Giardinelli

1991 - Novela

Premio Rómulo Gallegos 1999.
La saga de una familia de inmigrantes italianos en Argentina que atraviesa en tres generaciones todo el siglo XX.

"Santo Oficio de la Memoria es como sentarse junto al fuego noches y noches para escuchar la memoria de una familia que alguna vez quiso ser." Osvaldo Soriano.

Obras de Mempo Giardinelli

  • 2004 - Visitas después de hora - (Novela)
  • 2004 - El país y sus intelectuales. Historia de un desencuentro - (Ensayo)
  • 2003 - Cuestiones interiores - (Novela)
  • 2003 - México: El exilio que hemos vivido (En colaboración con Jorge Luis Bernetti) - (Ensayo)
  • 2002 - Diatriba por la Patria. Apuntes sobre la disolución de la Argentina - (Ensayo)
  • 2000 - Final de novela en Patagonia - (Novela)
  • 1999 - El Décimo Infierno - (Novela)
  • 1998 - El País de las Maravillas. Los argentinos en el Fin del Milenio - (Ensayo)
  • 1995 - Imposible Equilibrio - (Novela)
  • 1992 - Así se escribe un cuento - (Ensayo)
  • 1991 - Santo Oficio de la Memoria - (Novela)
  • 1985 - Qué solos se quedan los muertos - (Novela)
  • 1984 - El Género Negro (Ensayo sobre novela policial) - (Ensayo)
  • 1983 - Luna caliente - (Novela)
  • 1981 - El cielo con las manos - (Novela)
  • 1980 - La revolución en bicicleta - (Novela)
  • Un día como hoy en 1910 nace Manuel Mujica Láinez

    11 de septiembre de 1910 - Nace Manuel Mujica Láinez

    ¿Cuál es el título de la novela de Faulkner en la que se narra la peripecia de los Bundren para sepultar a su madre?

    Entrevista a una mujer de las letras

    Entrevista a una mujer de las letras

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    San Martín (1810)

    Anduve, San Martín, tanto y de sitio en sitio
    que descarté tu traje, tus espuelas, sabía
    que alguna vez, andando en los caminos
    hechos para volver, en los finales
    de cordillera, en la pureza
    de la intemperie que de ti heredarnos,
    nos íbamos a ver de un día a otro.

    Cuesta diferenciar entre los nudos
    de ceibo, entre raíces,
    entre senderos señalar tu rostro,
    entre los pájaros distinguir tu mirada,
    encontrar en el aire tu existencia.

    Eres la tierra que nos diste, un ramo
    de cedrón que golpea con su aroma,
    que no sabemos dónde está, de dónde
    llega su olor de patria a las praderas.
    Te galopamos, San Martín, salimos
    amaneciendo a recorrer tu cuerpo,
    respiramos hectáreas de tu sombra,
    hacemos fuego sobre tu estatura.

    Eres extenso entre todos los héroes.

    Otros fueron de mesa en mesa,
    de encrucijada en torbellino,
    tú fuiste construido de confines,
    y empezamos a ver tu geografía,
    tu planicie final, tu territorio.

    Mientras mayor el tiempo disemina
    como agua eterna los terrones
    del rencor, los afilados
    hallazgos de la hoguera,
    más terreno comprendes, más semillas
    de tu tranquilidad pueblan los cerros,
    más extensión das a la primavera.

    El hombre que construye es luego el humo
    de lo que construyó, nadie renace
    de su propio brasero consumido:
    de su disminución hizo existencia,
    cayó cuando no tuvo más que polvo.

    Tu abarcaste en la muerte más espacio.

    Tu muerte fue un silencio de granero.
    Pasó la vida tuya, y otras vidas,
    se abrieron puertas, se elevaron muros
    y la espiga salió a ser derramada.

    San Martín, otros capitanes
    fulguran más que tú, llevan bordados
    sus pámpanos de sal fosforescentes,
    otros hablan aún como cascadas,
    pero no hay uno como tú, vestido
    de tierra y soledad, de nieve y trébol.
    Te encontramos al retornar del río,
    te saludamos en la forma agraria
    de la Tucumania florida,
    y en los caminos, a caballo
    te cruzamos corriendo y levantando
    tu vestidura, padre polvoriento.

    Hoy el sol y la luna, el viento grande
    maduran tu linaje, tu sencilla
    composición: tu verdad era
    verdad de tierra, arenoso amasijo,
    estable como el pan, lámina fresca
    de greda y cereales, pampa pura.

    Y así eres hasta hoy, luna y galope,
    estación de soldados, intemperie,
    por donde vamos otra vez guerreando,
    caminando entre pueblos y llanuras,
    estableciendo tu verdad terrestre,
    esparciendo tu germen espacioso,
    aventando las páginas del trigo.

    Así sea, y que no nos acompañe
    la paz hasta que entremos
    después de los combates, a tu cuerpo
    y duerma la medida que tuvimos
    en tu extensión de paz germinadora.

    Pablo Neruda

    Canto general (1950)
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