Anecdótica historia de la muerte es un libro raro, uno de esos libros que no se puede encasillar, y por lo tanto problemático para la tranquilidad de los encasilladores. En él hay historias contadas de muy diversa manera. Mi ignorancia sobre la ciencia que estudia las formas establecidas de la narración, se debe a mi escasa inclinación a respetar, precisamente, lo establecido. El impulso, las ganas de contar, me llevó a escribir como escribo, o sea, a contar como puedo.
En Anecdótica... importa la historia, las historias que se acercaron a la muerte. Historias reales e historias mentidas que se hicieron un lugar en Buenos Aires. Historias que se cruzaron en mi camino.
Una vez más me encuentro escribiendo sobre la muerte y una vez más el mismo planteo; escribo en la muerte, con la muerte, como compañía de los días, y es desde ese conocimiento, nuestra charla, de donde parten todas las razones para disfrutar de esta vida.
Me voy a tener que ir, por eso doy mi presente, hoy, ahora; dejar el día para mañana puede resultar peligroso.
Mi padre comió panes de arena
Limones dulces de piedras amarillas
La carne descosida de los zapatos
El barro salado del piso de tierra
El musgo ácido de paredes sin revoque
Platos repletos de nada
Mi madre comió flores de papel
Tierra de macetas muertas
Todas las horas del sueño y todas las de la vigilia
Comió la tela sucia de mis pañales
Y nada más
Yo comí por ellos
hasta que el hueso se quebró como una vena