Anecdótica historia de la muerte es un libro raro, uno de esos libros que no se puede encasillar, y por lo tanto problemático para la tranquilidad de los encasilladores. En él hay historias contadas de muy diversa manera. Mi ignorancia sobre la ciencia que estudia las formas establecidas de la narración, se debe a mi escasa inclinación a respetar, precisamente, lo establecido. El impulso, las ganas de contar, me llevó a escribir como escribo, o sea, a contar como puedo.
En Anecdótica... importa la historia, las historias que se acercaron a la muerte. Historias reales e historias mentidas que se hicieron un lugar en Buenos Aires. Historias que se cruzaron en mi camino.
Una vez más me encuentro escribiendo sobre la muerte y una vez más el mismo planteo; escribo en la muerte, con la muerte, como compañía de los días, y es desde ese conocimiento, nuestra charla, de donde parten todas las razones para disfrutar de esta vida.
Me voy a tener que ir, por eso doy mi presente, hoy, ahora; dejar el día para mañana puede resultar peligroso.
Luz que golpea
Que aturde los párpados
Luz que llueve
Dónde estás
Vuelven los fantasmas
Esta oscuridad ahoga con recuerdos
He perdido el azul de la vigilia
El azul espeso
El azul dulce que se unta
Me ha vencido el sueño que deforma
El sueño sin suelo
El sueño sin cielo
Que la luz de un rayo desgarre esta piel
Que vele este sueño profano
No quiero cuadros del pasado
No hay luz que mire hacia adentro