Itinerarios de sentires. Recorridos literarios, la contemplación fragmentada. Encuentros, separaciones, muertes, reencuentros. Un cuaderno de 24 hojas es el sitio de la reconstrucción del hallazgo. Una copa viuda es el rayo de un sol que cae oblicuamente sobre la mesa de intertextos y escritura en vibraciones de sangre. La respiración de la mente comienza con el descubrimiento del primer cadáver emplumado. En lugares encimados -San Luis y Buenos Aires- Edgardo Lois encuentra la aventura de la degustación de la vida, la escritura, la pintura, y lo hace a partir de la muerte. Cada nombre repetido es parte de la ascensión obligada, nos conduce a los cerros, es decir a los amigos, Gabriel Montergous, Luis, y a los del otro camino: Saramago, Goytisolo, Orgambide, Piazzolla, Agüero, Friedlander..., por allí también hay la mujer, las queridas, las lejanas, delineadas en gestos de pocas palabras y presencia casi felina. Y siempre el padre, en la génesis y los "profes". Todo en un espacio-tiempo de resonancias, descripciones detenidas, avances simultáneos de imágenes y refugios desde (y hacia) La Caramba, la casa de Villa de Merlo que ampara instantes supremos. Y el cuaderno, un universo. Edgardo Lois cuenta, interroga, provoca, nos lleva bajo los aromos y dice la lluvia hasta mojarnos.
María Neder
Una idea cae sobre la hoja
Una idea de las que se lleva el viento
Como hojas que se lleva el viento
Y que caen sobre otra idea
Una ilusión cruza una idea
Una ilusión furiosa como un fósforo
Fósforos que arden solamente solos
Y que encienden hogueras como soles
Una emoción arde en la piel
Quema como una carta de amor
Ilusiona esta hoja de papel
Y saber que nada más es una idea
Una idea de las que se lleva el viento
Y que no termina de caer