En la otra puerta

La Caramba en 24 hojas. Anotaciones en la Villa de Merlo, San Luis

La Caramba en 24 hojas. Anotaciones en la Villa de Merlo, San Luis, de Edgardo Lois

Edgardo Lois

2005 -

El Mono Armado

Itinerarios de sentires. Recorridos literarios, la contemplación fragmentada. Encuentros, separaciones, muertes, reencuentros. Un cuaderno de 24 hojas es el sitio de la reconstrucción del hallazgo. Una copa viuda es el rayo de un sol que cae oblicuamente sobre la mesa de intertextos y escritura en vibraciones de sangre. La respiración de la mente comienza con el descubrimiento del primer cadáver emplumado. En lugares encimados -San Luis y Buenos Aires- Edgardo Lois encuentra la aventura de la degustación de la vida, la escritura, la pintura, y lo hace a partir de la muerte. Cada nombre repetido es parte de la ascensión obligada, nos conduce a los cerros, es decir a los amigos, Gabriel Montergous, Luis, y a los del otro camino: Saramago, Goytisolo, Orgambide, Piazzolla, Agüero, Friedlander..., por allí también hay la mujer, las queridas, las lejanas, delineadas en gestos de pocas palabras y presencia casi felina. Y siempre el padre, en la génesis y los "profes". Todo en un espacio-tiempo de resonancias, descripciones detenidas, avances simultáneos de imágenes y refugios desde (y hacia) La Caramba, la casa de Villa de Merlo que ampara instantes supremos. Y el cuaderno, un universo. Edgardo Lois cuenta, interroga, provoca, nos lleva bajo los aromos y dice la lluvia hasta mojarnos.

María Neder

Obras de Edgardo Lois

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    Las dos criaturas

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    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Yo jamás fui un niño

    Mi sonrisa es seca y mi rostro es serio,
    mis espaldas anchas, mis músculos duros
    mis manos partidas por el crudo frío
    sólo ocho años tengo, pero no soy niño.

    Detrás de mis ovejas ando por el cerro
    y cargau mi leña bajo hasta mi puesto
    a soplar el fuego, a mismiar mi soga,
    y no tengo tiempo para ser un niño.

    Los años caminan y todo es lo mismo,
    moti, sal con lechi son mis caramelos,
    mi juguete un chivo o el perro ovejero,
    poco tiempo tengo, pero no soy un niño.

    Mi avión de juguete es un cuervo viejo,
    mi camión un burro de trotar muy lento,
    mi amigo, es el zorro que roba mis cabras
    y es todo mi consuelo de poder ser niño.

    Mi rostro es de viejo y mi andar de agüelo,
    mis callos partidos por piedras del cerro,
    mi poncho rotoso por el fuerte viento,
    todo eso me dice, que no soy un niño.

    ¡Y no hay reyes magos,
    no hay Días del Niño,
    jamás tuve suerte
    de poder ser niño!

    Fortunato Ramos

    Costumbres, poemas y regionalismos (2003)
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