Bitácora de lluvia

Edgardo Lois

1998 -

Novela en la que circula un personaje de novela (el "vendedor de historias" de Tabucchi), en la que individuos de carne y hueso adquieren por mérito de la palabra consistencia inefable de personajes, en la que se dice la búsqueda de un nombre de mujer extraviado en el boscaje de los textos italianos del siglo XIX y en que un poeta de los grandes nos brinda el rostro que la fotografía ha captado tres días antes de su muerte, Bitácora de lluvia es, también, un relato con escenario preciso: Buenos Aires. (Están los cafés del bar, la librería y la lluvia; los portones ferroviarios miran pasar los colectivos).
Edgardo Lois se sirve de una prosa remansadamente musical para ceñir por un instante seres, libros, ámbitos. Sus cesuras, esos puntos suspensivos que jalonan los diálogos, son invitaciones a que el lector diga su palabra, a que entre en la ficción, a que se constituya en personaje de Bitácora de lluvia, novela bella y melancólica.

Gabriel Montergous

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Obras de Edgardo Lois

  • 1998 - Bitácora de lluvia
  • 2001 - Anecdótica historia de la muerte
  • 2005 - La Caramba en 24 hojas. Anotaciones en la Villa de Merlo, San Luis
  • 2009 - Miradas escritas al acrílico
  • Un día como hoy en 1986 muere Simone de Beauvoir

    14 de abril de 1986

    Novelista francesa nacida en París, Simone de Beauvoir fue una mujer comprometida con lo social y ligada a la defensa de los derechos de la mujer

    ¿Con qué poema comienza la obra ''Canto General'', de Pablo Neruda?

    Entrevista al escritor argentino Hugo Mujica

    "El contacto con la poesía es tan existencial que apenas caben palabras en la separación del contacto y uno".

    Ignacio Xurxo y Humberto Constantini, dos amigos escritores

    Por Edgardo Lois

    El poema de hoy

    Elegía a Ramón Sijé

    (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
    muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
    tanto quería.)

    Yo quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano.

    Alimentando lluvias, caracoles
    Y órganos mi dolor sin instrumento,
    a las desalentadas amapolas


    daré tu corazón por alimento.
    Tanto dolor se agrupa en mi costado,
    que por doler me duele hasta el aliento.

    Un manotazo duro, un golpe helado,
    un hachazo invisible y homicida,
    un empujón brutal te ha derribado.


    No hay extensión más grande que mi herida,
    lloro mi desventura y sus conjuntos
    y siento más tu muerte que mi vida.


    Ando sobre rastrojos de difuntos,
    y sin calor de nadie y sin consuelo
    voy de mi corazón a mis asuntos.

    Temprano levantó la muerte el vuelo,
    temprano madrugó la madrugada,
    temprano estás rodando por el suelo.

    No perdono a la muerte enamorada,
    no perdono a la vida desatenta,
    no perdono a la tierra ni a la nada.

    En mis manos levanto una tormenta
    de piedras, rayos y hachas estridentes
    sedienta de catástrofe y hambrienta

    Quiero escarbar la tierra con los dientes,
    quiero apartar la tierra parte
    a parte a dentelladas secas y calientes.


    Quiero minar la tierra hasta encontrarte
    y besarte la noble calavera
    y desamordazarte y regresarte

    Volverás a mi huerto y a mi higuera:
    por los altos andamios de mis flores
    pajareará tu alma colmenera

    de angelicales ceras y labores.
    Volverás al arrullo de las rejas
    de los enamorados labradores.

    Alegrarás la sombra de mis cejas,
    y tu sangre se irá a cada lado
    disputando tu novia y las abejas.

    Tu corazón, ya terciopelo ajado,
    llama a un campo de almendras espumosas
    mi avariciosa voz de enamorado.


    A las aladas almas de las rosas...
    de almendro de nata te requiero,
    que tenemos que hablar de muchas cosas,
    compañero del alma, compañero.


    Miguel Hernández

    El rayo que no cesa (1936)
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