Adriana es una compositora y directora de orquesta bilbaína que quiere componer la obra perfecta. Cuando la cree realizada la dirige ella misma en la ciudad de Ámsterdam.
La acogida es muy desigual. Adriana se siente desconsolada y se encierra en su casa sin querer ver a nadie.
Sólo pasea, ni siquiera quiere escuchar la música de otros compositores, le produce un dolor indescriptible.
Todo cambiará cuando, en uno de sus solitarios paseos, conoce a un curioso personaje: Gaueko.
Doy un paso, el primer paso
La casa cansada cae
Hay un horizonte lejano en la ventana
Un horizonte que gira y que gira
Hay personas como muñecos de trapo
Y autos de plástico que ladran
Pelotas de colores que me hablan al oído
Una lámpara inútil me persigue
Y un lago profundo muerde mis pies
Caigo en el agua helada
Hasta ahogarme de llanto
Sobre un hombro que olvidé