En la otra puerta

La elección de Kendria

La elección de Kendria, de Lorena Falcón

Lorena Falcón

2008 - Novela

Artnovela

En un mundo regido por la magia, el equilibrio lo es todo.

Siglos atrás, cuando por fin se logró la paz, se estableció el sistema de las cuatro Órdenes: Agua, Fuego, Tierra y Aire; unidas bajo una Cofradía.
Mantener el deseado equilibrio se convirtió casi en una religión. Ahora ese equilibrio se está rompiendo y la paz se encuentra amenazada.
Mientras la Cofradía trata de encontrar la razón de esta ruptura, y reparar el deseado equilibrio, el control que mantiene sobre las Órdenes comienza a desvanecerse.
Kendria, una joven adepta de la Cofradía, tratará de mantenerse alejada de estos hechos mientras lucha contra sus propios fantasmas. Pero será inevitablemente arrastrada al centro de los eventos. Allí descubrirá que no sólo era su destino participar en ellos, sino que el destino de su mundo está en sus manos.

Textos para leer de La elección de Kendria

  • La elección de Kendria. 1er. Capítulo (fragmento) (Novela)
  • Obras de Lorena Falcón

  • 2009 - Hojas de cuentos - (Cuentos)
  • 2008 - La elección de Kendria - (Novela)
  • Un día como hoy en 1749 nace Johann Wolfgang Goethe

    28 de agosto de 1749 - Nace Johann Wolfgang Goethe

    Si mencionamos la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, ¿a uno de los capítulos de qué célebre obra nos estamos refiriendo?

    Manuel Lozano

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    Las dos criaturas

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    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Grumete

    ¡No pruebes tú los licores!
    ¡Tú no bebas!
    ¡Marineros bebedores,
    los de las obras del puerto,
    que él no beba!
    ¡Que él no beba, pescadores!
    ¡Siempre sus ojos abiertos,
    siempre sus labios despiertos
    a la mar, no a los licores.
    ¡Que él no beba!

    ¡Jee, compañero, jee, jee!
    ¡Un toro azul por el agua!
    ¡Ya apenas si se le ve!
    -¿Quééé?
    -¡Un toro por el mar, jee!

    -¡Traje mío, traje mío,
    nunca te podré vestir,
    que al mar no dejan ir.

    Nunca me verás, ciudad,
    con mi traje marinero.
    Guardado está en el ropero,
    ni me lo dejan probar.
    Mi madre me lo ha encerrado,
    para que no vaya al mar.

    Retorcedme sobre el mar,
    al sol, como si mi cuerpo
    fuera el jirón de una vela.
    Exprimid toda mi sangre.
    Tended a secar mi vida
    sobre las jarcias del muelle.
    Seco, arrojadme a las aguas
    con una piedra en el cuello
    para que nunca más flote.
    Le di mi sangre a los mares.
    ¡Barcos, navegad por ella!
    Debajo estoy yo, tranquilo.

    Rafael Alberti

    Marinero en tierra (1925)
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