En la otra puerta

No habrá más penas ni olvido

No habrá más penas ni olvido, de Osvaldo Soriano

Osvaldo Soriano

1980 - Novela

Los antiguos peronistas y las nuevas fuerzas que rodean al jefe del justicialismo se engrentan en Colonia Vela, un pueblo olvidado de la Pcia. de Buenos Aires. Con la fría posición de un jugador de ajedrez, Soriano mueve a sus personajes hacia la ineludible tragedia final, no menos brutal por el hecho de que ambos bandos se enfrenten bajo la consigna común de "Perón o muerte".

Obras de Osvaldo Soriano

  • 2006 - Arqueros, ilusionistas y goleadores - (Relatos)
  • 1997 - Piratas, fantasmas y dinosaurios - (Novela)
  • 1995 - La hora sin sombra - (Novela)
  • 1993 - Cuentos de los años felices - (Cuentos)
  • 1992 - El ojo de la patria - (Novela)
  • 1990 - Una sombra ya pronto serás - (Novela)
  • 1988 - Rebeldes,soñadores y fugitivos - (Cuento)
  • 1986 - A sus plantas rendido un león - (Novela)
  • 1984 - Artistas, locos y criminales - (Novela)
  • 1980 - No habrá más penas ni olvido - (Novela)
  • 1980 - Cuarteles de invierno - (Novela)
  • 1973 - Triste, solitario y final - (Novela)
  • Un día como hoy en 1799 muere Pierre Beaumarchais

    18 de mayo de 1799 - Muere Pierre Beaumarchais

    ¿En cuántas partes se publicó Martín Fierro?

    María del Carmen Suárez

    María del Carmen Suárez

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Caminata

    Olorosa como un mate curado
    la noche acerca agrestes lejanías
    y despeja las calles
    que acompañan mi soledad,
    hechas de vago miedo y de largas líneas.

    La brisa trae corazonadas de campo,
    dulzura de las quintas, memorias de los álamos,
    que harán temblar bajo rigideces de asfalto
    la detenida tierra viva
    que oprime el peso de las casas.

    En vano la furtiva noche felina
    inquieta los balcones cerrados
    que en la tarde mostraron
    la notoria esperanza de las niñas.

    También está el silencio en los zaguanes.
    En la cóncava sombra
    vierten un tiempo vasto y generoso
    los relojes de la medianoche magnífica,
    un tiempo caudaloso
    donde todo soñar halla cabida,
    tiempo de anchura de alma, distinto
    de los avaros términos que miden
    las tareas del día.

    Yo soy el único espectador de esta calle;
    si dejara de verla se moriría.
    (Advierto un largo paredón erizado
    de una agresión de aristas
    y un farol amarillo que aventura
    su indecisión de luz.
    También advierto estrellas vacilantes).

    Grandiosa y viva
    como el plumaje oscuro de un Ángel
    cuyas alas tapan el día,
    la noche pierde las mediocres calles.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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