En la otra puerta

El juguete rabioso

El juguete rabioso, de Roberto Arlt

Roberto Arlt

1926 - Novela

Latina

El autor narra en cuatro episodios la lucha de un adolescente (Silvio Astier) por escapar de la miseria y humillación a la que se ve sometido como consecuencia de su condición social, marcada por la marginación y la pobreza. Se trata de una obra con una gran cantidad de recursos ,que es lo que le da ese carácter tan real, donde Arlt trata con toda naturalidad los temas que realmente le preocupan y han formado parte de su vida.

Obras de Roberto Arlt

  • 1958 - Aguafuertes porteñas - (Artículos)
  • 1941 - El criador de gorilas - (Cuento)
  • 1941 - Un viaje terrible - (Cuento)
  • 1937 - La isla desierta - (Teatro)
  • 1936 - Saverio el cruel - (Teatro)
  • 1936 - El fabricante de fantasmas - (Teatro)
  • 1934 - La juerga de las polichinelas - (Teatro)
  • 1934 - Un hombre sensible - (Teatro)
  • 1933 - El jorobadito - (Cuento)
  • 1932 - El amor brujo - (Novela)
  • 1932 - Prueba de amor - (Teatro)
  • 1931 - Los lanzallamas - (Novela)
  • 1929 - Los siete locos - (Novela)
  • 1926 - El juguete rabioso - (Novela)
  • Un día como hoy en 2007 muere Jean Racine

    21 de abril de 2007 - Muere Jean Racine

    ¿Cuál es el nombre del personaje femenino del cuento ''El almohadón de plumas'', de Horacio Quiroga?

    La revolución no cumplió

    La revolución no cumplió

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La casa

    Temible y aguardada como la muerte misma
    se levanta la casa.
    No será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
    Nada. Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.

    Porque día tras día
    aquellos que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
    han partido,
    y su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
    todo el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
    la duración exacta de la vida.

    Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,
    reclinados en las altas ventanas
    como en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
    para restituir cada mirada a su propio destino;
    y a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria nos saluda:
    el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
    como a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.

    Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha
    lo mismo que a un disperso jardín que el viento recupera.

    Contemplemos aún los claros aposentos,
    las pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival,
    las aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como mariposas en la lejanía,
    nuestra imagen fugaz
    detenida por siempre en los espejos de implacable destierro,
    las flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor inmortal de la melancolía,
    y también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
    ese rumor tan dulce de la hierba;
    y perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante
    del mundo;
    y allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
    de un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.

    Nadie pudo ver nunca la incesante morada
    donde todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.
    Mas nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
    por el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y
    la tristeza,
    aquello que quisimos.

    Nosotros lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
    el porvenir se alzó como una nube del último recinto,
    el último, el vedado,
    con nuestra sombra eterna entre la sombra.

    Acaso lo sabían ya nuestros corazones.

    Olga Orozco

    Desde lejos (1946)
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