En la otra puerta

Cuentos de amor, de locura y de muerte

Cuentos de amor, de locura y de muerte, de Horacio Quiroga

Horacio Quiroga

1917 - Cuento

En estos cuentos, el misterio es amo y señor aunque siempre inmerso en situaciones cotidianas, lo que aumenta el impacto. La locura y el amor se entrelazan de manera constante, para llevar indefectiblemente a la muerte. Sus relatos, cargados de una violencia implícita, producen una asfixiante tensión que sólo se ve liberada con el más imprevisto de los finales. El marco selvático y salvaje de la Misiones que él conoció, enmarcan sus historias.

Textos para leer de Cuentos de amor, de locura y de muerte

  • A la deriva (Cuento)
  • El almohadón de plumas (Cuento)
  • El conductor del Rápido (Cuento)
  • El espectro (Cuento)
  • El hombre muerto (Cuento)
  • La gallina degollada (Cuento)
  • La insolación (Cuento)
  • La mancha hiptálmica (Cuento)
  • La miel silvestre (Cuento)
  • La muerte de Isolda (Cuento)
  • Los Mensú (Cuento)
  • Más allá (Cuento)
  • Obras de Horacio Quiroga

  • 1935 - Más allá - (Cuento)
  • 1929 - Pasado amor - (Novela)
  • 1926 - Los desterrados - (Cuento)
  • 1925 - La gallina degollada y otros cuentos - (Cuento)
  • 1924 - El desierto - (Cuento)
  • 1921 - Anaconda - (Cuento)
  • 1920 - El salvaje - (Cuento)
  • 1920 - Las sacrificadas - (Cuento)
  • 1918 - Cuentos de la selva - (Cuentos)
  • 1917 - Cuentos de amor, de locura y de muerte - (Cuento)
  • 1908 - Historia de un amor turbio - (Novela)
  • 1905 - Los perseguidos - (Relato)
  • 1904 - El crimen del otro - (Cuento)
  • 1901 - Los arrecifes de coral - (Poesía)
  • ¿Cuál es el título de la novela de Juan José Saer que se ambienta en la reunión de una familia para festejar fin de año y cenar un cordero asado?

    Fernando Sorrentino

    Fernando Sorrentino

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Dulcia linquimus arva

    Una amistad hicieron mis abuelos
    con esta lejanía
    y conquistaron la intimidad de los campos
    y ligaron a su baquía
    la tierra, el fuego, el aire, el agua.

    Fueron soldados y estancieros
    y apacentaron el corazón con mañanas
    y el horizonte igual que una bordona
    sonó en la hondura de su austera jornada.

    Su jornada fue clara como un río
    y era fresca su tarde como el agua
    oculta del aljibe
    y las cuatro estaciones fueron para ellos
    como los cuatro versos de la copla esperada.

    Descifraron lejanas polvaredas
    en carretas o en caballadas
    y los alegró el resplandor
    con que aviva el sereno la espadaña.

    Uno peleó contra los godos,
    otro en Paraguay cansó su espada;
    todos supieron del abrazo del mundo
    y fue mujer sumisa a su querer la campaña.

    Altos eran sus días
    hechos de cielo y llano.

    Sabiduría de campo afuera la suya,
    la de aquel que está firme en el caballo
    y que rige a los hombres de la llanura
    y los trabajos y los días
    y las generaciones de los toros.

    Soy un pueblero y ya no sé de esas cosas,
    soy hombre de ciudad, de barrio, de calle:
    los tranvías lejanos me ayudan la tristeza
    con esa queja larga que sueltan en las tardes.

    Jorge Luis Borges

    Luna de enfrente (1925)
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