Cuentos de amor, de locura y de muerte

Horacio Quiroga

Horacio Quiroga

1917 - Cuento

En estos cuentos, el misterio es amo y señor aunque siempre inmerso en situaciones cotidianas, lo que aumenta el impacto. La locura y el amor se entrelazan de manera constante, para llevar indefectiblemente a la muerte. Sus relatos, cargados de una violencia implícita, producen una asfixiante tensión que sólo se ve liberada con el más imprevisto de los finales. El marco selvático y salvaje de la Misiones que él conoció, enmarcan sus historias.

Textos para leer de Cuentos de amor, de locura y de muerte

  • A la deriva (Cuento)
  • El almohadón de plumas (Cuento)
  • El espectro (Cuento)
  • El hombre muerto (Cuento)
  • La gallina degollada (Cuento)
  • La insolación (Cuento)
  • La mancha hiptálmica (Cuento)
  • La miel silvestre (Cuento)
  • La muerte de Isolda (Cuento)
  • Los Mensú (Cuento)
  • Más allá (Cuento)
  • Obras de Horacio Quiroga

  • 1901 - Los arrecifes de coral
  • 1904 - El crimen del otro
  • 1905 - Los perseguidos
  • 1908 - Historia de un amor turbio
  • 1917 - Cuentos de amor, de locura y de muerte
  • 1918 - Cuentos de la selva
  • 1920 - El salvaje
  • 1920 - Las sacrificadas
  • 1921 - Anaconda
  • 1924 - El desierto
  • 1925 - La gallina degollada y otros cuentos
  • 1926 - Los desterrados
  • 1929 - Pasado amor
  • 1935 - Más allá
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Muere Jean Paul Sartre
    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    ¿Qué cuento de Cortázar comienza con la siguiente frase: ''Me ocurría a veces que todo se dejaba andar, se ablandaba y cedía terreno, aceptando sin resistencia que se pudiera ir así de una cosa a otra.''

    Un hombre claro

    Un hombre claro

    Un poeta mayor

    Un poeta mayor

    Por Delfina Acosta

    El poema de hoy

    Una despedida

    Tarde que socavó nuestro adiós.

    Tarde acerada y deleitosa y monstruosa como un ángel oscuro.
    Tarde cuando vivieron nuestros labios en la desnuda intimidad de los besos.

    El tiempo inevitable se desbordaba sobre el abrazo inútil.
    Prodigábamos pasión juntamente, no para nosotros sino para la soledad ya inmediata.

    Nos rechazó la luz; la noche había llegado con urgencia.
    Fuimos hasta la verja en esa gravedad de la sombra que ya el lucero alivia.

    Como quien vuelve de un perdido prado yo volví de tu abrazo.
    Como quien vuelve de un país de espadas yo volví de tus lágrimas.

    Tarde que dura vívida como un sueño
    entre las otras tardes.

    Después yo fui alcanzando y rebasando
    noches y singladuras.

    Jorge Luis Borges

    Luna de enfrente (1925)
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