Niño que juegas
No quieras saber más de lo que sabes
Basta que seas abrigo para unas manos que se agitan
Y que de miedo tiemblan
No preguntes qué pócima he bebido
En qué cárcel me han vaciado el cuerpo
Mi condena es tu condena
La de Cronos, la de Kairós, la de Aión
Nada más sabio que el refugio donde habitas
Donde la inocencia es puro olvido
Donde todo insiste en perdurar
No mires esta piel que se deshoja
Y ríe sin temores
Que el tiempo se detiene