En la otra puerta

La arqueología del saber

La arqueología del saber, de Michel Foucault

Michel Foucault

1969 - Ensayo

Siglo Veintiuno

En determinado momento, Foucault se dio cuenta de que en sus obras anteriores no había definido lo que para él significa "arqueología", y de que era indispensable definirla por tratarse de una palabra peligrosa que parece evocar las ruinas que el paso del tiempo va dejando y que permanecen fijas en su mutismo. Unidades como la medicina, la economía política o la biología forman otros tantos dominios autónomos, aunque no sean independientes, reglamentados, aunque estén en perpetua transformación, anónimos y sin sujeto, aunque atraviesen tantas obras individuales. Y ahí donde la historia de las ideas buscaba develar, al descifrar los textos, los movimientos secretos del pensamiento, Foucault quiere hacer aparecer, en su especificidad, el nivel de las "cosas dichas": su condición de aparición, las formas de su cúmulo y de su encadenamiento; las reglas de su transformación, las discontinuidades que las escanden.

Obras de Michel Foucault

  • 1969 - La arqueología del saber - (Ensayo)
  • ¿Cuál es el título de la obra de José Enrique Rodó que despertó la adhesión incondicional de la juventud hispanoamericana?

    Manuel Lozano

    Manuel Lozano

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Benarés

    Falsa y tupida
    como un jardín calcado en un espejo,
    la imaginada urbe
    que no han visto nunca mis ojos
    entreteje distancias
    y repite sus casas inalcanzables.

    El brusco sol
    desgarra la completa oscuridad
    de templos, muladares, cárceles, patios
    y escalará los muros
    y resplandecerá en un río sagrado.

    Jadeante
    la ciudad que oprimió un follaje de estrellas
    desborda el horizonte
    y en la mañana llena
    de pasos y de sueño
    la luz va abriendo como ramas las calles.

    Juntamente amanece
    en todas las persianas que miran al oriente
    y la voz de un almuédano
    apesadumbra desde su alta torre
    el aire de este día
    y anuncia a la ciudad de los muchos dioses
    la soledad de Dios.

    (Y pensar
    que mientras juego con dudosas imágenes,
    la ciudad que canto persiste
    en un lugar predestinado del mundo,
    con su topografía precisa,
    poblada como un sueño,
    con hospitales y cuarteles
    y lentas alamedas
    y hombres de labios podridos
    que sienten frío en los dientes.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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