En la otra puerta

Libro de Manuel

Libro de Manuel, de Julio Cortázar

Julio Cortázar

1973 - Novela

Editorial Sudamericana

El libro de Manuel (1973) es la gran novela política de Julio Cortázar. Una síntesis polémica de sus búsquedas estéticas y su interés por los movimientos revolucionarios de aquellos años. Puede leerse como un desplazamiento natural de los personajes y los temas de Rayuela hacia las urgencias y los fervores de un mundo convulsionado. Pero conserva de aquella novela fundamental toda la fantasía, el desenfado y la frescura que han hecho de Cortázar un escritor único e irrepetible dentro del panorama literario del siglo veinte.

Obras de Julio Cortázar

  • 1995 - Diario de Andrés Fava - (Novela)
  • 1988 - Divertimento - (Novela)
  • 1986 - El examen - (Novela)
  • 1984 - Salvo el crepúsculo - (Poesía)
  • 1982 - Deshoras - (Cuento)
  • 1980 - Queremos tanto a Glenda - (Cuento)
  • 1979 - Un tal Lucas - (Cuento)
  • 1977 - Alguien que anda por ahí - (Cuentos)
  • 1976 - Los relatos 1: Ritos - (Cuento)
  • 1976 - Los relatos 2: Juegos - (Cuento)
  • 1974 - Octaedro - (Cuento)
  • 1973 - Libro de Manuel - (Novela)
  • 1971 - Pameos y Meopas - (Poesía)
  • 1970 - Viaje alrededor de una mesa - (Ensayo)
  • 1969 - Último round - (Miscelánea)
  • 1968 - Buenos Aires, Buenos Aires - (Textos)
  • 1968 - 62. Modelo para armar - (Novela)
  • 1967 - La vuelta al día en ochenta mundos - (Ensayo,poesía y cuentos)
  • 1966 - Todos los fuegos el fuego - (Cuento)
  • 1963 - Rayuela - (Novela)
  • 1962 - Historias de Cronopios y de Famas - (Relato)
  • 1960 - Los premios - (Novela)
  • 1959 - Las armas secretas - (Cuento)
  • 1956 - Final del Juego - (Cuento)
  • 1951 - Bestiario - (Cuento)
  • 1949 - Los Reyes - (Poema dramático)
  • ¿Quién es el autor de la novela ''El Pozo''?

    Entrevista a Osvaldo Bayer

    Entrevista a Osvaldo Bayer

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La casa

    Temible y aguardada como la muerte misma
    se levanta la casa.
    No será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
    Nada. Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.

    Porque día tras día
    aquellos que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
    han partido,
    y su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
    todo el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
    la duración exacta de la vida.

    Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,
    reclinados en las altas ventanas
    como en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
    para restituir cada mirada a su propio destino;
    y a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria nos saluda:
    el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
    como a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.

    Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha
    lo mismo que a un disperso jardín que el viento recupera.

    Contemplemos aún los claros aposentos,
    las pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival,
    las aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como mariposas en la lejanía,
    nuestra imagen fugaz
    detenida por siempre en los espejos de implacable destierro,
    las flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor inmortal de la melancolía,
    y también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
    ese rumor tan dulce de la hierba;
    y perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante
    del mundo;
    y allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
    de un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.

    Nadie pudo ver nunca la incesante morada
    donde todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.
    Mas nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
    por el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y
    la tristeza,
    aquello que quisimos.

    Nosotros lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
    el porvenir se alzó como una nube del último recinto,
    el último, el vedado,
    con nuestra sombra eterna entre la sombra.

    Acaso lo sabían ya nuestros corazones.

    Olga Orozco

    Desde lejos (1946)
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