En la otra puerta

Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia

Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia, de Osvaldo Bayer

Osvaldo Bayer

1970 - Ensayo

Severino Di Giovanni era, en Argentina, algo más que un luchador anarquista. Representaba la rebeldía antifascista de las primeras décadas del siglo y también el enfrentamiento con las posiciones tibias y moderadas de muchos de sus camaradas que no coincidían con sus métodos y talante. Para Di Giovanni, representante máximo de los llamados anarquistas expropiadores, la dinamita era un elemento vindicador y la mejor de las medicinas para terminar con la barbarie que pretendían implantar los partidarios del Fascismo. Sin embargo, supo combinar la acción directa con la formación política a ultranza, como era norma en la época. Su enloquecido amor por la adolescente América Scarfó, hizo aflorar también su lado más romántico que contrastaba con la imagen sanguinaria que se empeñaban en dar de él sus enemigos y la prensa ligada al poder. Vivió y murió sin ceder en sus principios y su nombre es clave para discutir un tema tan actual como polémico: el de la violencia revolucionaria.

Obras de Osvaldo Bayer

  • 2001 - Rainer y Minou - (Novela)
  • 1999 - En camino al paraíso - (Ensayo)
  • 1993 - Rebeldía y esperanza - (Ensayo)
  • 1990 - Fútbol argentino - (Ensayo)
  • 1984 - Exilio - (Ensayo)
  • 1975 - Los anarquistas expropiadores y otros ensayos - (Ensayo)
  • 1975 - La Patagonia rebelde (tomo IV) - (Ensayo)
  • 1974 - La Patagonia rebelde - (Ensayo)
  • 1972 - La Patagonia rebelde (tomos I y II) - (Ensayo)
  • 1970 - Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia - (Ensayo)
  • Un día como hoy en 1910 nace Manuel Mujica Láinez

    11 de septiembre de 1910 - Nace Manuel Mujica Láinez

    Milo es uno de los personajes de una novela de Haroldo Conti, ¿de cuál?

    Carmen María de Jaén

    Carmen María de Jaén

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La Recoleta

    Convencidos de caducidad
    por tantas nobles certidumbres del polvo,
    nos demoramos y bajamos la voz
    entre las lentas filas de panteones,
    cuya retórica de sombra y de mármol
    promete o prefigura la deseable
    dignidad de haber muerto.

    Bellos son los sepulcros,
    el desnudo latín y las trabadas fechas fatales,
    la conjunción del mármol y de la flor
    y las plazuelas con frescura de patio
    y los muchos ayeres de a historia
    hoy detenida y única.

    Equivocamos esa paz con la muerte
    y creemos anhelar nuestro fin
    y anhelamos el sueño y la indiferencia.
    Vibrante en las espadas y en la pasión
    y dormida en la hiedra,
    sólo la vida existe.

    El espacio y el tiempo son normas suyas,
    son instrumentos mágicos del alma,
    y cuando ésta se apague,
    se apagarán con ella el espacio, el tiempo y la muerte,
    como al cesar la luz
    caduca el simulacro de los espejos
    que ya la tarde fue apagando.

    Sombra benigna de los árboles,
    viento con pájaros que sobre las ramas ondea,
    alma que se dispersa entre otras almas,
    fuera un milagro que alguna vez dejaran de ser,
    milagro incomprensible,
    aunque su imaginaria repetición
    infame con horror nuestros días.

    Estas cosas pensé en la Recoleta,
    en el lugar de mi ceniza.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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