En la otra puerta

La calle del agujero en la media

Raúl González Tuñón

1930 - Poesía

Textos para leer de La calle del agujero en la media

  • La calle del agujero en la media (Poesía)
  • Obras de Raúl González Tuñón

  • 1977 - El banco de la plaza - (Poesía)
  • 1969 - El rumbo de las islas perdidas - (Poesía)
  • 1965 - Poemas para el atril de una pianola - (Poesía)
  • 1963 - Demanda contra el olvido - (Poesía)
  • 1957 - A la sombra de los barrios amados - (Poesía)
  • 1954 - Todos los hombres del mundo son hermanos - (Poesía)
  • 1952 - Hay alguien que está esperando - (Poesía)
  • 1945 - Primer Canto Argentino - (Poesía)
  • 1943 - Himno de pólvora - (Poesía)
  • 1941 - Canciones del tercer frente - (Poesía)
  • 1941 - A nosotros la poesía - (Poesía)
  • 1941 - Las islas - (Poesía)
  • 1941 - Caprichos de Juancito Caminador - (Poesía)
  • 1939 - La muerte en Madrid - (Poesía)
  • 1938 - Las puertas del fuego - (Poesía)
  • 1936 - La rosa blindada - (Poesía)
  • 1936 - Ocho documentos de hoy - (Poesía)
  • 1934 - El otro lado de la estrella - (Poesía)
  • 1934 - Todos bailan (poemas de Juancito Caminador) - (Poesía)
  • 1930 - La calle del agujero en la media - (Poesía)
  • 1928 - Miércoles de ceniza - (Poesía)
  • 1926 - El violín del diablo - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1778 muere Voltaire

    30 de mayo de 1778 - Muere Voltaire

    Si mencionamos la espantable y jamás imaginada aventura de los molinos de viento, ¿a uno de los capítulos de qué célebre obra nos estamos refiriendo?

    Un hombre que camina la poesía

    Un hombre que camina la poesía

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Las muertes

    He aquí unos muertos cuyos huesos no blanqueará la lluvia,
    lápidas donde nunca ha resonado el golpe tormentoso
    de la piel del lagarto,
    inscripciones que nadie recorrerá encendiendo la luz
    de alguna lágrima;
    arena sin pisadas en todas las memorias.
    Son los muertos sin flores.
    No nos legaron cartas, ni alianzas, ni retratos.
    Ningún trofeo heroico atestigua la gloria o el oprobio.
    Sus vidas se cumplieron sin honor en la tierra,
    mas su destino fue fulmíneo como un tajo;
    porque no conocieron ni el sueño ni la paz en los
    infames lechos vendidos por la dicha,
    porque sólo acataron una ley más ardiente que la ávida
    gota de salmuera.
    Esa y no cualquier otra.
    Esa y ninguna otra.
    Por eso es que sus muertes son los exasperados rostros
    de nuestra vida.

    Olga Orozco

    Las muertes (1951)
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