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Las iniciales del misal
Baldomero Fernández Moreno
1915 - Poesía
Obras de Baldomero Fernández Moreno
1942 - Sonetos cristianos -
(Poesía)
1941 - Yo, médico; yo, catedrático -
(Poesía)
1941 - Buenos Aires: ciudad, pueblo, campo -
(Poesía)
1941 - Tres poemas de amor -
(Poesía)
1938 - Penumbra -
(Poesía)
1938 - Continuación -
(Poesía)
1936 - Romances -
(Poesía)
1936 - Seguidillas -
(Poesía)
1935 - Dos poemas -
(Poesía)
1931 - Cuadernillo de verano -
(Poesía)
1929 - Sonetos -
(Poesía)
1929 - Último cofre de negrita -
(Poesía)
1928 - Décimas -
(Poesía)
1928 - Poesías -
(Poesía)
1926 - El hijo -
(Poesía)
1925 - Aldea española -
(Poesía)
1923 - El hogar en el campo -
(Poesía)
1922 - Mil novecientos veintidos -
(Poesía)
1921 - Nuevos poemas -
(Poesía)
1920 - Versos de negrita -
(Poesía)
1919 - Campo argentino -
(Poesía)
1918 - Por el amor y por ella -
(Poesía)
1917 - Ciudad -
(Poesía)
1916 - Intermedio provinciano -
(Poesía)
1915 - Las iniciales del misal -
(Poesía)
Un día como hoy en 1970 muere François Mauriac
1 de septiembre de 1970 - Muere François Mauriac
Ese rostro me consolará de los miserables minutos que tengo que vivir en un transporte público; suprimo el mundo alrededor de esta sombría cara angélica.
¿Qué cuento de Cortázar comienza con la siguiente frase: ''Me ocurría a veces que todo se dejaba andar, se ablandaba y cedía terreno, aceptando sin resistencia que se pudiera ir así de una cosa a otra.''
La noche boca arriba
Circe
El otro cielo
Teuco Castilla
Leopoldo "Teuco" Castilla, poeta "Como si la casa entera fuera hecha de palabras".
Las dos criaturas
En Las dos criaturas, Ricardo Cardone despliega un mecanismo literario que nos genera incertidumbre.
Por Daniel Ruiz Rubini
El poema de hoy
Gacela de la terrible presencia
Yo quiero que el agua se quede sin cauce,
yo quiero que el viento se quede sin valles.
Quiero que la noche se quede sin ojos
y mi corazón sin flor del oro;
que los bueyes hablen con las grandes hojas
y que la lombriz se muera de sombra;
que brillen los dientes de la calavera
y los amarillos inunden la seda.
Puedo ver el duelo de la noche herida
luchando enroscada con el mediodía.
Resiste un ocaso de verde veneno
y los arcos rotos donde sufre el tiempo.
Pero no ilumines tu limpio desnudo
como un negro cactus abierto en los juncos.
Déjame en un ansia de oscuros planetas,
pero no me enseñes tu cintura fresca.
Federico García Lorca
Diván del Tamarit (1936)
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