En la otra puerta

Sonetos

Baldomero Fernández Moreno

1929 - Poesía

Obras de Baldomero Fernández Moreno

  • 1942 - Sonetos cristianos - (Poesía)
  • 1941 - Yo, médico; yo, catedrático - (Poesía)
  • 1941 - Buenos Aires: ciudad, pueblo, campo - (Poesía)
  • 1941 - Tres poemas de amor - (Poesía)
  • 1938 - Penumbra - (Poesía)
  • 1938 - Continuación - (Poesía)
  • 1936 - Romances - (Poesía)
  • 1936 - Seguidillas - (Poesía)
  • 1935 - Dos poemas - (Poesía)
  • 1931 - Cuadernillo de verano - (Poesía)
  • 1929 - Sonetos - (Poesía)
  • 1929 - Último cofre de negrita - (Poesía)
  • 1928 - Décimas - (Poesía)
  • 1928 - Poesías - (Poesía)
  • 1926 - El hijo - (Poesía)
  • 1925 - Aldea española - (Poesía)
  • 1923 - El hogar en el campo - (Poesía)
  • 1922 - Mil novecientos veintidos - (Poesía)
  • 1921 - Nuevos poemas - (Poesía)
  • 1920 - Versos de negrita - (Poesía)
  • 1919 - Campo argentino - (Poesía)
  • 1918 - Por el amor y por ella - (Poesía)
  • 1917 - Ciudad - (Poesía)
  • 1916 - Intermedio provinciano - (Poesía)
  • 1915 - Las iniciales del misal - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1882 nace Manuel Gálvez

    18 de julio de 1882 - Nace Manuel Gálvez

    ¿En qué obra aparece la muerte representada por una bella mujer llamada La Peregrina?

    Un hombre que camina la poesía

    Un hombre que camina la poesía

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Barrio sin luz

    ¿Se va la poesía de las cosas
    o no la puede condensar mi vida?
    Ayer —mirando el último crepúsculo—
    yo era un manchón de musgo entre unas ruinas.

    Las ciudades —hollines y venganzas—,
    la cochinada gris de los suburbios,
    la oficina que encorva las espaldas,
    el jefe de ojos turbios.

    Sangre de un arrebol sobre los cerros,
    sangre sobre las calles y las plazas,
    dolor de corazones rotos,
    podre de hastíos y de lágrimas.

    Un río abraza el arrabal
    como una mano helada que tienta en las tinieblas:
    sobre sus aguas se avergüenzan
    de verse las estrellas.

    Y las casas que esconden los deseos
    detrás de las ventanas luminosas,
    mientras afuera el viento
    lleva un poco de barro a cada rosa.

    Lejos... la bruma de las olvidanzas
    —humos espesos, tajamares rotos—,
    y el campo, ¡el campo verde!, en que jadean
    los bueyes y los hombres sudorosos.

    Y aquí estoy yo, brotado entre las ruinas,
    mordiendo solo todas las tristezas,
    como si el llanto fuera una semilla
    y yo el único surco de la tierra.

    Pablo Neruda

    Crepusculario (1923)
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