En la otra puerta

Los mil días del adelantado

Los mil días del adelantado, de Jorge A. Colombo

Jorge A. Colombo

2005 - Novela

Ediciones Fundación Victoria Ocampo

Un libro que ha sido armado con la sabiduría y la habilidad de un narrador que sabe cómo contar los hechos históricos. Por esa razón, nos lleva con naturalidad desde una taberna portuaria de mediados del mil quinientos hasta un caserío porteño de comienzos del mil ochocientos. Propone relatos cercanos a la ficción fantástica y relatos planteados desde el puro costumbrismo. Todo es posible en Los mil días del adelantado, y en todos los casos sobresale la calidad de su escritura, una vez que se entra en la historia es difícil salir de ella: necesitamos llegar al desenlace. Esta virtud, como bien se sabe, es un privilegio de los buenos narradores. Jorge Colombo se ha sabido ganar ese privilegio.
Los mil días del adelantado es la prueba definitiva de ese triunfo.

Vicente Battista

Obras de Jorge A. Colombo

  • 2010 - Encuentros en la fonda ''Los Tres Reyes'' - (Teatro)
  • 2009 - Yo maté a Dorrego. Antología Los Malones - (Relatos)
  • 2008 - El Oráculo de la Recova - (Narrativa)
  • 2008 - El sobreviviente - (Narrativa)
  • 2007 - El Alquimista y las Invasiones Inglesas - (Novela)
  • 2006 - Aventuras de un porteño - (Narrativa)
  • 2005 - Los mil días del adelantado - (Novela)
  • Un día como hoy en 2007 muere Jean Racine

    21 de abril de 2007 - Muere Jean Racine

    ¿Cuál es la obra de Umberto Eco que fue llevada al cine interpretada por Sean Connery, Christian Slater y Ron Perlman?

    Héctor Tizón

    Héctor Tizón

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    I. Yo soy un hombre sincero

    Yo soy un hombre sincero
    De donde crece la palma,
    Y antes de morirme quiero
    Echar mis versos del alma.

    Yo vengo de todas partes,
    Y hacia todas partes voy:
    Arte soy entre las artes,
    En los montes, monte soy.

    Yo sé los nombres extraños
    De las yerbas y las flores,
    Y de mortales engaños,
    Y de sublimes dolores.

    Yo he visto en la noche oscura
    Llover sobre mi cabeza
    Los rayos de lumbre pura
    De la divina belleza.

    Alas nacer vi en los hombros
    De las mujeres hermosas:
    Y salir de los escombros,
    Volando las mariposas.

    He visto vivir a un hombre
    Con el puñal al costado,
    Sin decir jamás el nombre
    De aquella que lo ha matado.

    Rápida, como un reflejo,
    Dos veces vi el alma, dos:
    Cuando murió el pobre viejo,
    Cuando ella me dijo adiós.

    Temblé una vez,— en la reja,
    A la entrada de la viña,—
    Cuando la bárbara abeja
    Picó en la frente a mi niña.

    Gocé una vez, de tal suerte
    Que gocé cual nunca: — cuando
    La sentencia de mi muerte
    Leyó el alcaide llorando.

    Oigo un suspiro, a través
    De las tierras y la mar,
    Y no es un suspiro,— es
    Que mi hijo va a despertar.

    Si dicen que del joyero
    Tome la joya mejor,
    Tomo a un amigo sincero
    Y pongo a un lado el amor.

    Yo he visto al águila herida
    Volar al azul sereno,
    Y morir en su guarida
    La víbora del veneno.

    Yo sé bien que cuando el mundo
    Cede, lívido, al descanso,
    Sobre el silencio profundo
    Murmura el arroyo manso.

    Yo he puesto la mano osada,
    De horror y júbilo yerta,
    Sobre la estrella apagada
    Que cayó frente a mi puerta.

    Oculto en mi pecho bravo
    La pena que me lo hiere:
    El hijo de un pueblo esclavo
    Vive por él, calla, y muere.

    Todo es hermoso y constante,
    Todo es música y razón,
    Y todo, como el diamante,
    Antes que luz es carbón.

    Yo sé que el necio se entierra
    Con gran lujo y con gran llanto,—
    Y que no hay fruta en la tierra
    Como la del camposanto.

    Callo, y entiendo, y me quito
    La pompa del rimador:
    Cuelgo de un árbol marchito
    Mi muceta de doctor.

    José Martí

    Versos Sencillos (1891)
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