Los poemas de Dejistani buscan continuamente el equilibrio entre el interrogante y la respuesta. Bien es sabido que abundan las preguntas y escasean las réplicas. Mas en estas páginas, cuya solidaridad es manifestada en el simple y expeditivo recurso de intentar un diálogo con el lector, lo subjetivo tiende a recurrencias míticas, a dibujar figuras angelares, a hacer fiel a su otra devoción, la escultura - del discurso, piedra amorfa, y del sentimiento, gubia encargada de descubrir la imagen en el meollo de la roca.
Para Elisa Dejistani el teorema de lo poético se resuelve prodigiosamente en este verso significativo: "Un Dios oculto me habló del tercer ojo del poeta". Con esa mirada en el tiempo, en el acaecer del azar de su peripecia vital, esta poeta señala un temperamento emotivo y filosófico que demuestra el alto grado de madurez y de responsabilidad creadora.
Luis Ricardo Furlan
Una mujer invierno muere
Frío calvario la noche
Celebra a otro dios
Y para siempre
Duele y no
Cubre la arena el tiempo
Fatal la uña
La piel fatal
Qué fibra aún vibra en su costado
Oscura boca amanecida calla
Algún profeta invocará su cuello
Desvestirá su vientre en otro altar
En otra hoguera y otra noche
Y para siempre
Una mujer infierno muere
Golpea como tiempo
Y calla sometida
Tensa la cuerda ya no vibra
Muerde la boca obscena
Los dedos que rozaron su cintura