Con el sol en las manos

Elisa Dejistani

Elisa Dejistani

1994 - Poesía

Los poemas de Dejistani buscan continuamente el equilibrio entre el interrogante y la respuesta. Bien es sabido que abundan las preguntas y escasean las réplicas. Mas en estas páginas, cuya solidaridad es manifestada en el simple y expeditivo recurso de intentar un diálogo con el lector, lo subjetivo tiende a recurrencias míticas, a dibujar figuras angelares, a hacer fiel a su otra devoción, la escultura - del discurso, piedra amorfa, y del sentimiento, gubia encargada de descubrir la imagen en el meollo de la roca.

Para Elisa Dejistani el teorema de lo poético se resuelve prodigiosamente en este verso significativo: "Un Dios oculto me habló del tercer ojo del poeta". Con esa mirada en el tiempo, en el acaecer del azar de su peripecia vital, esta poeta señala un temperamento emotivo y filosófico que demuestra el alto grado de madurez y de responsabilidad creadora.

Luis Ricardo Furlan

Obras de Elisa Dejistani

  • 1977 - Misteriosa magia
  • 1986 - Exilio para no morir
  • 1989 - Poetas hispanoamericanas contemporáneas, de Oscar Abel Ligaluppi
  • 1990 - Disonancia del bronce en Makhac-Kala
  • 1991 - El cantar de las palabras
  • 1994 - Con el sol en las manos
  • 1995 - Veinte voces de Buenos Aires, de Florencia Durán
  • 1996 - 20 voces destacadas. Selección y estudio de Ruth Fernández
  • 2009 - Dualidad del silencio
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Muere Jean Paul Sartre
    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    ¿Cuál es el escenario de ''La invención de Morel'', de Adolfo Bioy Casares?

    María del Carmen Suárez

    María del Carmen Suárez

    La sombra fuera de Lovecraft

    La sombra fuera de Lovecraft

    Por Claudio García Fanlo

    El poema de hoy

    Poema II

    No estabas en mi umbral
    ni yo salí a buscarte para colmar los huecos que fragua la nostalgia
    y que presagian niños o animales hechos con la sustancia de la frustración.
    Viniste paso a paso por los aires,
    pequeña equilibrista en el tablón flotante sobre un foso de lobos
    enmascarado por los andrajos radiantes de febrero.
    Venías condensándote desde la encandilada transparencia,
    probándote otros cuerpos como fantasmas al revés,
    como anticipaciones de tu eléctrica envoltura
    -el erizo de niebla,
    el globo de lustrosos vilanos encendidos,
    la piedra imán que absorbe su fatal alimento,
    la ráfaga emplumada que gira y se detiene alrededor de un ascua,
    en torno de un temblor-.
    Y ya habías aparecido en este mundo,
    intacta en tu negrura inmaculada desde la cara hasta la cola,
    más prodigiosa aún que el gato de Cheshire,
    con tu porción de vida como una perla roja brillando entre los dientes.

    Olga Orozco

    Cantos a Berenice (1977)
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