Hay un silencio música en el pentagrama de la escritura.
Inquiere, participa de lo inédito en los blancos del poema. Acaso pueda remitirnos de alguna manera al instante bachelardiano, compuesto por una respiración que sugiere la sustancia de una propedéutica.
Quizá también propicie la idea de una estética imperceptible, sin embargo, imbuída de ingentes significaciones; en tanto nos revela esa "otredad".
Una pausa que puede ser más rica, cuando aspira a objetivarse en la dimensión de quien nos lee.