Hay un silencio música en el pentagrama de la escritura.
Inquiere, participa de lo inédito en los blancos del poema. Acaso pueda remitirnos de alguna manera al instante bachelardiano, compuesto por una respiración que sugiere la sustancia de una propedéutica.
Quizá también propicie la idea de una estética imperceptible, sin embargo, imbuída de ingentes significaciones; en tanto nos revela esa "otredad".
Una pausa que puede ser más rica, cuando aspira a objetivarse en la dimensión de quien nos lee.
Haz de luz entre las sombras
Témpano a la deriva
A qué estrella has hostigado
Rasgas las vestiduras de este mar en celo
Te abres paso como recuerdo
Nada existe al margen de tu senda
Nada permanece al perderte en la espesura
Jungla voraz
donde el silencio habita y el fuego muere
Llevas como lastre un cordal de amnesia
Fugaz hielo en llamaradas que huyes del pasado
La noche sólo abriga almas indefensas
Si de memoria somos y de olvido morimos
Por qué esta penumbra me condena al recuerdo
Haz de luz que nunca terminas de extinguirte