En la otra puerta

Crepúsculo de los ídolos. Cómo se filosofa con el martillo

Friedrich Nietzsche

1889 - Ensayo

Edimat Libros

De El ocaso de los ídolos escribió Nietzsche: "Representa una excepción respecto a todos mis demás libros, porque no hay nada más sustancioso, más independiente, más demoledor y más malvado. Quien quiera hacerse una idea rápida de como estaba todo cabeza abajo antes de llegar yo, que empiece por este escrito. Lo que en el título se designa con el nombre de ídolo no es más que lo que hasta ahora se ha venido llamando verdad. El ocaso de los ídolos significa, pues, que el fin de la vieja verdad está próximo".

Obras de Friedrich Nietzsche

  • 1908 - Ecce homo. Cómo se llega a ser lo que se es - (Biografía)
  • 1894 - El Anticristo. Maldición sobre el Cristianismo - (Ensayo)
  • 1889 - Crepúsculo de los ídolos. Cómo se filosofa con el martillo - (Ensayo)
  • 1887 - Genealogía de la moral. Un escrito polémico - (Ensayo)
  • 1886 - Más allá del bien y del mal. Preludio de una filosofía del futuro - (Ensayo)
  • 1883 - Así habló Zaratustra. Un libro para todos y para nadie - (Relato)
  • 1882 - La gaya ciencia - (Ensayo)
  • 1881 - Aurora. Pensamientos sobre los prejuicios morales - (Ensayo)
  • 1880 - El caminante y su sombra - (Ensayo)
  • 1878 - Humano, demasiado humano. Un libro para espíritus libres - (Ensayo)
  • 1872 - El nacimiento de la tragedia - (Ensayo)
  • Un día como hoy en 1910 nace Manuel Mujica Láinez

    11 de septiembre de 1910 - Nace Manuel Mujica Láinez

    ¿Cuál es el título y a qué autor pertenece el cuento que comienza: Mañana sería Navidad, y aun mientras viajaban los tres hacia el campo de cohetes, el padre y la madre estaban preocupados.

    Entrevista al escritor argentino Hugo Mujica

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    Las dos criaturas

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    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Elegía de los portones

    A Francisco Luis Borges

    Barrio Villa Alvear: entre las calles Nicaragua,
    Arroyo Maldonado, Canning y Rivera.
    Muchos terrenos baldíos existen aún y su
    importancia es reducida.
    Manuel Bilbao: Buenos Aires, 1902

    Esta es una elegía
    de los rectos portones que alargaban su sombra
    en la plaza de tierra.

    Ésta es una elegía
    que se acuerda de un largo resplandor agachado
    que los atardeceres daban a los baldíos.

    (En los pasajes mismos había cielo bastante
    para toda una dicha
    y las tapias tenían el color de las tardes.)
    Ésta es una elegía
    de un Palermo trazado con vaivén de recuerdo
    y que se va en la muerte chica de los olvidos.

    Muchachas comentadas por un vals de organito
    o por los mayorales de corneta insolente
    de los 64,
    sabían en las puertas de la gracia de su espera.

    Había huecos de tunas
    y la ribera hostil del Maldonado
    -menos agua que barro en la sequía-
    y zafadas veredas en que flameaba el corte
    y una frontera de silbatos de hierro.

    Hubo cosas felices,
    cosas que sólo fueron para alegrar las almas:
    el arriate del patio
    y el andar hamacado del compadre.

    Palermo del principio, vos tenías
    unas cuantas milongas para hacerte valiente
    y una baraja criolla para tapar la vida
    y unas albas eternas para saber la muerte.

    El día era más largo en tus veredas
    que en las calles del centro,
    porque en los huecos hondos se aquerenciaba el cielo.
    Los carros de costado sentencioso
    cruzaban tu mañana
    y eran en las esquinas tiernos los almacenes
    como esperando un ángel.

    Desde mi calle de altos (es cosa de una legua)
    voy a buscar recuerdos a tus calles nocheras.
    Mi silbido de pobre penetrará en los sueños
    de los hombres que duermen.

    Esa higuera que asoma sobre una parecita
    es lleva bien con mi alma
    y es más grato el rosado firme de tus esquinas
    que el de las nubes blandas.

    Jorge Luis Borges

    Cuaderno de San Martín (1929)
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