En la otra puerta

Una mujercita

Franz Kafka

1923 - Relato

Obras de Franz Kafka

  • 1999 - Carta al padre - (Carta)
  • 1987 - Obras completas - (Textos)
  • 1978 - Cartas a Milena - (Carta)
  • 1977 - Cartas a Felice - (Carta)
  • 1972 - La condena - (Cuento)
  • 1927 - América - (Novela)
  • 1925 - El proceso - (Novela)
  • 1924 - Josefina la cantora - (Relato)
  • 1924 - Un artista del hambre - (Relato)
  • 1923 - Una mujercita - (Relato)
  • 1922 - El castillo - (Novela)
  • 1920 - Un médico rural - (Cuento)
  • 1919 - En la colonia penitenciaria - (Relato)
  • 1915 - La metamorfosis - (Novela)
  • 1913 - El fogonero - (Cuento)
  • 1912 - Contemplación - (Relato)
  • Un día como hoy en 1914 nace Nicanor Parra

    5 de septiembre de 1914 - Nace Nicanor Parra

    Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia, Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso; Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan: No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo; Ya que nosotros mismos no somos más que seres (Como el dios mismo no es otra cosa que dios) Ya que no hablamos para ser escuchados Sino que para que los demás hablen Y el eco es anterior a las voces que lo producen, Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos En el jardín que bosteza y que se llena de aire, Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir Para poder resucitar después tranquilamente Cuando se ha usado en exceso de la mujer; Ya que también existe un cielo en el infierno, Dejad que yo también haga algunas cosas: Yo quiero hacer un ruido con los pies Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

    En el cuento de Borges, ¿en qué lugar de la casa que visita el narrador se encuentra el Aleph?

    Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón

    Rescatando la fantasía. Entrevista a Lorena Falcón

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    La casa

    Temible y aguardada como la muerte misma
    se levanta la casa.
    No será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
    Nada. Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.

    Porque día tras día
    aquellos que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
    han partido,
    y su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
    todo el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
    la duración exacta de la vida.

    Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,
    reclinados en las altas ventanas
    como en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
    para restituir cada mirada a su propio destino;
    y a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria nos saluda:
    el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
    como a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.

    Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha
    lo mismo que a un disperso jardín que el viento recupera.

    Contemplemos aún los claros aposentos,
    las pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival,
    las aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como mariposas en la lejanía,
    nuestra imagen fugaz
    detenida por siempre en los espejos de implacable destierro,
    las flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor inmortal de la melancolía,
    y también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
    ese rumor tan dulce de la hierba;
    y perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante
    del mundo;
    y allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
    de un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.

    Nadie pudo ver nunca la incesante morada
    donde todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.
    Mas nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
    por el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y
    la tristeza,
    aquello que quisimos.

    Nosotros lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
    el porvenir se alzó como una nube del último recinto,
    el último, el vedado,
    con nuestra sombra eterna entre la sombra.

    Acaso lo sabían ya nuestros corazones.

    Olga Orozco

    Desde lejos (1946)
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