En la otra puerta

El castillo

Franz Kafka

1922 - Novela

En El castillo Kafka nos muestra una imaginativa indagación sobre el tema del poder de la soledad, todo ello enmarcado entre el sentido moral de la existencia y la increíble y fascinante imaginación de la cual Kafka hizo gala en toda su obra.
La obra de Kafka tiene en estos días una gran significación; las jóvenes generaciones han revalorizado la extensión del mensaje del escritor, concordantes con aquel pensamiento que alguna vez expresó Albert Camus con respecto a la obra de Kafka:"Con él nos encontramos en las fronteras del pensamiento humano"

Obras de Franz Kafka

  • 1999 - Carta al padre - (Carta)
  • 1987 - Obras completas - (Textos)
  • 1978 - Cartas a Milena - (Carta)
  • 1977 - Cartas a Felice - (Carta)
  • 1972 - La condena - (Cuento)
  • 1927 - América - (Novela)
  • 1925 - El proceso - (Novela)
  • 1924 - Josefina la cantora - (Relato)
  • 1924 - Un artista del hambre - (Relato)
  • 1923 - Una mujercita - (Relato)
  • 1922 - El castillo - (Novela)
  • 1920 - Un médico rural - (Cuento)
  • 1919 - En la colonia penitenciaria - (Relato)
  • 1915 - La metamorfosis - (Novela)
  • 1913 - El fogonero - (Cuento)
  • 1912 - Contemplación - (Relato)
  • Un día como hoy en 1914 nace Nicanor Parra

    5 de septiembre de 1914 - Nace Nicanor Parra

    Ya que la vida del hombre no es sino una acción a distancia, Un poco de espuma que brilla en el interior de un vaso; Ya que los árboles no son sino muebles que se agitan: No son sino sillas y mesas en movimiento perpetuo; Ya que nosotros mismos no somos más que seres (Como el dios mismo no es otra cosa que dios) Ya que no hablamos para ser escuchados Sino que para que los demás hablen Y el eco es anterior a las voces que lo producen, Ya que ni siquiera tenemos el consuelo de un caos En el jardín que bosteza y que se llena de aire, Un rompecabezas que es preciso resolver antes de morir Para poder resucitar después tranquilamente Cuando se ha usado en exceso de la mujer; Ya que también existe un cielo en el infierno, Dejad que yo también haga algunas cosas: Yo quiero hacer un ruido con los pies Y quiero que mi alma encuentre su cuerpo.

    ¿A quién pertenece la obra Coplas a la muerte de su padre?

    Hugo Ditaranto

    Hugo Ditaranto

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Hierro

    Ganado tengo el pan: hágase el verso,—
    Y en su comercio dulce se ejercite
    La mano, que cual prófugo perdido
    Entre oscuras malezas, o quien lleva
    A rastra enorme peso, andaba ha poco
    Sumas hilando y revolviendo cifras.
    Bardo, ¿consejo quieres? Pues descuelga
    De la pálida espalda ensangrentada
    El arpa dívea, acalla los sollozos
    Que a tu garganta como mar en furia
    Se agolparán, y en la madera rica
    Taja plumillas de escritorio, y echa
    Las cuerdas rotas al movible viento.

    Oh alma! oh alma buena! mal oficio
    Tienes!: póstrate, calIa, cede, lame
    Manos de potentado, ensalza, excusa
    Defectos, tenlos —que es mejor manera
    De excusarlos—, y mansa y temerosa
    Vicios celebra, encumbra vanidades:
    Verás entonces, alma, cuál se trueca
    En plato de oro rico tu desnudo
    Plato de pobre!
    Pero guarda ¡oh alma!
    Que usan los hombres hoy oro empañado!
    Ni de eso cures, que fabrican de oro
    Sus joyas el bribón y el barbilindo:
    Las armas no,— las armas son de hierro!

    Mi mal es rudo; la ciudad lo encona;
    Lo alivia el campo inmenso: ¡otro más vasto
    Lo aliviará mejor! —Y las oscuras
    Tardes me atraen, cual si mi patria fuera
    La dilatada sombra. ¡Oh verso amigo:
    Muero de soledad, de amor me muero!

    No de vulgar amor: estos amores
    Envenenan y ofuscan: no es hermosa
    La fruta en la mujer, sino la estrella.
    La tierra ha de ser luz, y todo vivo
    Debe en torno de sí dar lumbre de astro.
    ¡Oh, estas damas de muestra! ¡oh, estas copas
    De carne! ¡oh, estas siervas, ante el dueño
    Que las enjoya o estremece echadas!
    ¡Te digo, oh verso, que los dientes duelen
    De comer de esta carne!

    Es de inefable
    Amor del que yo muero, del muy dulce
    Menester de llevar, como se lleva
    Un niño tierno en las cuidosas manos,
    Cuanto de bello y triste ven mis ojos.

    José Martí

    Versos Libres (1891)
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