''Era, en efecto, el automóvil de Maruja. Había transcurrido por lo menos media hora desde el secuestro, y sólo quedaban los rastros: el cristal del lado del chofer destruido por un balazo, la mancha de sangre y el granizo de vidrio en el asiento, y la sombra húmeda en el asfalto, de donde acababan de llevarse al chofer todavía con vida. El resto estaba limpio y en orden''
Luz que golpea
Que aturde los párpados
Luz que llueve
Dónde estás
Vuelven los fantasmas
Esta oscuridad ahoga con recuerdos
He perdido el azul de la vigilia
El azul espeso
El azul dulce que se unta
Me ha vencido el sueño que deforma
El sueño sin suelo
El sueño sin cielo
Que la luz de un rayo desgarre esta piel
Que vele este sueño profano
No quiero cuadros del pasado
No hay luz que mire hacia adentro