Los poemas de Dejistani buscan continuamente el equilibrio entre el interrogante y la respuesta. Bien es sabido que abundan las preguntas y escasean las réplicas. Mas en estas páginas, cuya solidaridad es manifestada en el simple y expeditivo recurso de intentar un diálogo con el lector, lo subjetivo tiende a recurrencias míticas, a dibujar figuras angelares, a hacer fiel a su otra devoción, la escultura - del discurso, piedra amorfa, y del sentimiento, gubia encargada de descubrir la imagen en el meollo de la roca.
Para Elisa Dejistani el teorema de lo poético se resuelve prodigiosamente en este verso significativo: "Un Dios oculto me habló del tercer ojo del poeta". Con esa mirada en el tiempo, en el acaecer del azar de su peripecia vital, esta poeta señala un temperamento emotivo y filosófico que demuestra el alto grado de madurez y de responsabilidad creadora.
Luis Ricardo Furlan
Debajo de este desierto corre un río de lava
La arena necia oculta los latidos
Como este cuerpo que se ve no respirar
Debajo el río con su lengua de fuego
Un estallido que la arena apenas oye
El desierto nunca sabe ni de sístoles ni de diástoles
Nadie siente el pulso de estas venas
Este río de agua hirviendo que asomó en estos ojos
Este cráter que se abre como piel
Hay demasiado sol sobre la arena
Demasiada luz de plomo
Tanto miedo a que la roca vuele
Por los aires