Hay un silencio música en el pentagrama de la escritura.
Inquiere, participa de lo inédito en los blancos del poema. Acaso pueda remitirnos de alguna manera al instante bachelardiano, compuesto por una respiración que sugiere la sustancia de una propedéutica.
Quizá también propicie la idea de una estética imperceptible, sin embargo, imbuída de ingentes significaciones; en tanto nos revela esa "otredad".
Una pausa que puede ser más rica, cuando aspira a objetivarse en la dimensión de quien nos lee.
Doy un paso, el primer paso
La casa cansada cae
Hay un horizonte lejano en la ventana
Un horizonte que gira y que gira
Hay personas como muñecos de trapo
Y autos de plástico que ladran
Pelotas de colores que me hablan al oído
Una lámpara inútil me persigue
Y un lago profundo muerde mis pies
Caigo en el agua helada
Hasta ahogarme de llanto
Sobre un hombro que olvidé