En la otra puerta

El deseo de la palabra (antología)

Alejandra Pizarnik

1975 - Poesía

Obras de Alejandra Pizarnik

  • 2002 - Prosa completa - (Prosa poética)
  • 1982 - Zona prohibida - (Poesía)
  • 1982 - Textos de sombra y últimos poemas - (Poesía)
  • 1982 - Antología poética - (Poesía)
  • 1975 - El deseo de la palabra (antología) - (Poesía)
  • 1971 - La condesa sangrienta - (Prosa poética)
  • 1971 - El infierno musical - (Poesía)
  • 1971 - Los pequeños cantos - (Poesía)
  • 1969 - Nombres y figuras - (Poesía)
  • 1968 - Extracción de la piedra de locura - (Poesía)
  • 1965 - Los trabajos y las noches - (Poesía)
  • 1962 - Árbol de Diana - (Poesía)
  • 1959 - Otros poemas - (Poesía)
  • 1958 - Las aventuras perdidas - (Poesía)
  • 1956 - La última inocencia - (Poesía)
  • 1955 - La tierra más ajena - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1920 nace Mario Benedetti

    14 de septiembre de 1920 - Nace Mario Benedetti

    ¿Cuál es el título del primer relato de La guerra gaucha, de Leopoldo Lugones?

    Entrevista al escritor argentino Hugo Mujica

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    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Rosas

    En la sala tranquila
    cuyo reloj austero derrama
    un tiempo ya sin aventuras ni asombro
    sobre la decente blancura
    que amortaja la pasión roja de la caoba,
    alguien, como reproche cariñoso,
    pronunció el nombre familiar y temido.

    La imagen del tirano
    abarrotó el instante,
    no clara como un mármol en la tarde,
    sino grande y umbría
    como la sombra de una montaña remota
    y conjeturas y memorias
    sucedieron a la mención eventual
    como un eco insondable.

    Famosamente infame
    su nombre fue desolación de las casas,
    idolátrico amor en el gauchaje
    y horror del tajo en la garganta.

    Hoy el olvido borra su censo de muertes,
    porque son venales las muertes
    si las pensamos como parte del Tiempo,
    es inmortalidad infatigable
    que anonada con silenciosa culpa las razas
    y en cuya herida siempre abierta
    que el último dios habrá de restañar el último día,
    cabe toda la sangre derramada.

    No se si Rosas
    fue sólo un ávido puñal como los abuelos decían;
    creo que fue como tu y yo
    un hecho entre los hechos
    que vivió en la zozobra cotidiana
    y dirigió para exaltaciones y penas
    la incertidumbre de otros.

    Ahora el mar es una larga separación
    entre la ceniza y la patria.

    Ya toda vida, por humilde que sea,
    puede pisar su nada y su noche.

    Ya Dios lo habrá olvidado
    y es menos una injuria que una piedad
    demorar su infinita disolución
    con limosnas de odio.

    Jorge Luis Borges

    Fervor de Buenos Aires (1923)
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