En la otra puerta

La estructura ausente. Introducción a la semiótica

Umberto Eco

1968 - Ensayo

Valentino Bompiani

El ámbito de los fenómenos comunicativos, los sistemas de signos, la negación de un "código de códigos", la dialéctica entre códigos y mensajes -la semiótica descubre aquí las relaciones entre el mundo de los signos y el mundo de las ideologías-, son los temas abordados por Umberto Eco en esta obra, donde coordina sus investigaciones precedentes y propone un verdadero sistema de la cultura como comunicación.

Obras de Umberto Eco

  • 2004 - La misteriosa llama de la reina Loana - (Novela)
  • 2004 - Historia de la belleza - (Ensayo)
  • 2002 - Dire quasi la stessa cosa - (Ensayo)
  • 2001 - Baudolino - (Novela)
  • 1997 - Kant y el ornitorrinco - (Ensayo)
  • 1997 - Cinco escritos morales - (Artículos)
  • 1996 - Seis paeos por los bosques narrativos - (Ensayo)
  • 1994 - La isla del día antes - (Novela)
  • 1988 - El péndulo de Foucault - (Novela)
  • 1986 - La estrategia de la ilusión - (Artículos)
  • 1980 - El nombre de la rosa - (Novela)
  • 1968 - La estructura ausente. Introducción a la semiótica - (Ensayo)
  • 1965 - Apocalípticos e integrados - (Ensayo)
  • ¿Cuál es el nombre del protagonista masculino de la novela María, de Jorge Isaacs?

    Manuel Lozano

    Manuel Lozano

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Elegía a Ramón Sijé

    (En Orihuela, su pueblo y el mío, se me ha
    muerto como del rayo Ramón Sijé, con quien
    tanto quería.)

    Yo quiero ser llorando el hortelano
    de la tierra que ocupas y estercolas,
    compañero del alma, tan temprano.

    Alimentando lluvias, caracoles
    Y órganos mi dolor sin instrumento,
    a las desalentadas amapolas


    daré tu corazón por alimento.
    Tanto dolor se agrupa en mi costado,
    que por doler me duele hasta el aliento.

    Un manotazo duro, un golpe helado,
    un hachazo invisible y homicida,
    un empujón brutal te ha derribado.


    No hay extensión más grande que mi herida,
    lloro mi desventura y sus conjuntos
    y siento más tu muerte que mi vida.


    Ando sobre rastrojos de difuntos,
    y sin calor de nadie y sin consuelo
    voy de mi corazón a mis asuntos.

    Temprano levantó la muerte el vuelo,
    temprano madrugó la madrugada,
    temprano estás rodando por el suelo.

    No perdono a la muerte enamorada,
    no perdono a la vida desatenta,
    no perdono a la tierra ni a la nada.

    En mis manos levanto una tormenta
    de piedras, rayos y hachas estridentes
    sedienta de catástrofe y hambrienta

    Quiero escarbar la tierra con los dientes,
    quiero apartar la tierra parte
    a parte a dentelladas secas y calientes.


    Quiero minar la tierra hasta encontrarte
    y besarte la noble calavera
    y desamordazarte y regresarte

    Volverás a mi huerto y a mi higuera:
    por los altos andamios de mis flores
    pajareará tu alma colmenera

    de angelicales ceras y labores.
    Volverás al arrullo de las rejas
    de los enamorados labradores.

    Alegrarás la sombra de mis cejas,
    y tu sangre se irá a cada lado
    disputando tu novia y las abejas.

    Tu corazón, ya terciopelo ajado,
    llama a un campo de almendras espumosas
    mi avariciosa voz de enamorado.


    A las aladas almas de las rosas...
    de almendro de nata te requiero,
    que tenemos que hablar de muchas cosas,
    compañero del alma, compañero.


    Miguel Hernández

    El rayo que no cesa (1936)
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