Que no se ahoguen mis ojos en la niebla
Que no vuelva el recuerdo a devorarme
Que la voz que me atormenta no sea tuya
Que nada cambie de lugar
Que nada vuelva a su lugar
Que no se invoque al rito de la noche
Que sea sol lo único que brille
Comeré las uvas del silencio
La carne magra del desánimo
El pan mustio que me nutre
Que no deje marca el pelo al desplomarse
Que la piel resista aquella lluvia
Que ninguna tempestad acuda a otro llamado
Estos huesos me delatan
Que todo sea cielo y bendición
Y que nada pase