Viñas denuncia en esta novela el mito de la adolescencia porteña. No hay simulación en su empresa sino una posición de contemplador lúcido y descarnado. Implacable a veces. No parodia. No mete palabras falsamente encantadoras en esos muchachitos que son verdaderos personajes, nítidamente recortados, capaces de melancolía, de reflexiones, de juicios, de decepciones. No hay nada grotesco ni deliberadamente amable. No nos adula como lo deseamos secretamente cuando leemos un libro, por el contrario nos sugiere que hay·algo podrido en Dinamarca.
La ausencia lame los huesos del recuerdo
De a pedazos le arranca la carne
Nada que no alimente detiene su paso
Le llevará tiempo limpiar aquellos restos
La lengua los consume
Sin vida brillan
Sin sabor
A un lado descansará la ausencia
Con el hambre saciada
Con el cuerpo pesado
Voraz cerrará los ojos
Ahora mansos que sueñan
Como estos ojos cansados
Que huelen a hueso
Y brillan