Viñas denuncia en esta novela el mito de la adolescencia porteña. No hay simulación en su empresa sino una posición de contemplador lúcido y descarnado. Implacable a veces. No parodia. No mete palabras falsamente encantadoras en esos muchachitos que son verdaderos personajes, nítidamente recortados, capaces de melancolía, de reflexiones, de juicios, de decepciones. No hay nada grotesco ni deliberadamente amable. No nos adula como lo deseamos secretamente cuando leemos un libro, por el contrario nos sugiere que hay·algo podrido en Dinamarca.
Bajo sus pies brota una sed de almendras secas
Un mundo hambriento de hambre y de hombre
La fruta nueva probará la lengua
Y el niño virgen tendrá su último ritual
Luego será agua que se entrega
Cederá en el barro su raíz
La piel noble en el sudor espeso
La orilla verde que el río roe
Le restará extirparse cualquier culpa
Toda verdad es ilógica
Todo temor es incierto
Todo río es una herida