El poema de hoy
La cuarta elegía (frag.)
Ángel y títere: entonces
hay un espectáculo por fin,
Entonces se reconcilia lo que incesantemente
desunimos, en tanto que existimos aquí. Entonces
surge
de nuestras estaciones solamente el ciclo
de la transformación total. Por encima de nosotros
actúa entonces el ángel. Mira, los moribundos,
¿no debían de sospechar que todo lo que hacemos
está lleno de pretextos? Ninguna cosa
es en sí misma. ¡Oh, horas de la infancia,
cuando tras las figuras había más
que el mero pasado, y no el porvenir ante nosotros!
Por cierto, crecíamos y a veces nos apresurábamos
a ser pronto mayores, en parte por amor
a los que no tenía otra cosa que su mayor
estatura.
Y, a pesar de todo, en nuestro andar de solitarios,
nos placía lo durable, y seguíamos allí, erguidos,
en lo intervalos de espacio entre mundo y juguete,
en un lugar que desde los comienzos
fuera fundado para un puro acontecer.
¿Quién puede mostrarnos a un niño tal cual es?
¿Quién lo subirá
a las estrellas y le pondrá en sus manos
la medida de la distancia? ¿Quién elabora la
muerte del niño
con ese pan oscuro que se endurece, o la deja
dentro
de su boca redonda, tal como el corazón
de una bella manzana?... Los asesinos
son fáciles de presentir. Pero esto:
albergar la muerte, toda la muerte,
aun antes de la vida, tan dulcemente y sin enfado
eso es indescriptible.