Menemato y otros suburbios

David Viñas

2000 - Artículos

Obras de David Viñas

  • 1955 - Cayó sobre su rostro
  • 1956 - Los años despiadados
  • 1957 - Un Dios cotidiano
  • 1958 - Los dueños de la tierra
  • 1962 - Dar la cara
  • 1963 - Las malas costumbres
  • 1964 - Literatura argentina y realidad política
  • 1965 - Laferrére, del apogeo de la oligarquía a la crisis de la ciudad liberal
  • 1966 - En la semana trágica
  • 1967 - Hombres de a caballo
  • 1967 - Argentina: ejército y oligarquía
  • 1969 - Cosas concretas
  • 1971 - Literatura argentina y realidad política: de Sarmiento a Cortázar
  • 1971 - Jauría
  • 1971 - Rebeliones populares argentinas: De los montoneros a los anarquistas
  • 1974 - Dorrego, Maniobras, Tupac Amaru
  • 1975 - Literatura argentina y realidad política. Apogeo de la oligarquía
  • 1977 - Qué es el fascismo en Latinoamérica
  • 1978 - Historia de América Latina: México y Cortés
  • 1978 - Historia de América Latina: Expansión de la conquista
  • 1979 - Cuerpo a cuerpo
  • 1979 - Carlos Gardel
  • 1980 - Ultramar
  • 1982 - Indios, ejército y fronteras
  • 1983 - Anarquistas en América Latina
  • 1989 - Yrigoyen entre Borges y Arlt
  • 1993 - Prontuario
  • 1995 - Literatura argentina y realidad política - De los jacobinos porteños a la bohemia anarquista
  • 1995 - Claudia conversa
  • 1996 - Literatura argentina y realidad política - De Lugones a Walsh
  • 1998 - De Sarmiento a Dios - Viajeros argentinos a USA
  • 2000 - Menemato y otros suburbios
  • 2004 - Anarquistas en América Latina
  • 2006 - Tartabul
  • Un día como hoy en 1980 muere Jean Paul Sartre

    15 de abril de 1980

    Muere Jean Paul Sartre
    Filósofo y literato francés, representante del existencialismo, el más reconocido defensor de dicha corriente de pensamiento, que alcanzará gran popularidad en la segunda mitad del siglo XX

    ¿Cuál es el nombre del protagonista masculino de la novela María, de Jorge Isaacs?

    Noé Jitrik:

     Noé Jitrik:

    Cara y cruz

    Cara y cruz

    Por Delfina Acosta

    El poema de hoy

    La casa

    Temible y aguardada como la muerte misma
    se levanta la casa.
    No será necesario que llamemos con todas nuestras lágrimas.
    Nada. Ni el sueño, ni siquiera la lámpara.

    Porque día tras día
    aquellos que vivieron en nosotros un llanto contenido hasta palidecer
    han partido,
    y su leve ademán ha despertado una edad sepultada,
    todo el amor de las antiguas cosas a las que acaso dimos, sin saberlo,
    la duración exacta de la vida.

    Ellos nos llaman hoy desde su amante sombra,
    reclinados en las altas ventanas
    como en un despertar que sólo aguarda la señal convenida
    para restituir cada mirada a su propio destino;
    y a través de las ramas soñolientas el primer huésped de la memoria nos saluda:
    el pájaro del amanecer que entreabre con su canto las lentísimas puertas
    como a un arco del aire por el que penetramos a un clima diferente.

    Ven. Vamos a recobrar ese paciente imperio de la dicha
    lo mismo que a un disperso jardín que el viento recupera.

    Contemplemos aún los claros aposentos,
    las pálidas guirnaldas que mecieron una noche estival,
    las aéreas cortinas girando todavía en el halo de la luz como mariposas en la lejanía,
    nuestra imagen fugaz
    detenida por siempre en los espejos de implacable destierro,
    las flores que murieron por sí solas para rememorar el fulgor inmortal de la melancolía,
    y también las estatuas que despertó, sin duda a nuestro paso,
    ese rumor tan dulce de la hierba;
    y perfumes, colores y sonidos en que reconocemos un instante
    del mundo;
    y allá, tan sólo el viento sedoso y envolvente
    de un día sin vivir que abandonamos, dormidos sobre el aire.

    Nadie pudo ver nunca la incesante morada
    donde todo repite nuestros nombres más allá de la tierra.
    Mas nosotros sabemos que ella existe, como nosotros mismos,
    por el sólo deseo de volver a vivir, entre el afán del polvo y
    la tristeza,
    aquello que quisimos.

    Nosotros lo sabemos porque a través del resplandor nocturno
    el porvenir se alzó como una nube del último recinto,
    el último, el vedado,
    con nuestra sombra eterna entre la sombra.

    Acaso lo sabían ya nuestros corazones.

    Olga Orozco

    Desde lejos (1946)
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