Viñas denuncia en esta novela el mito de la adolescencia porteña. No hay simulación en su empresa sino una posición de contemplador lúcido y descarnado. Implacable a veces. No parodia. No mete palabras falsamente encantadoras en esos muchachitos que son verdaderos personajes, nítidamente recortados, capaces de melancolía, de reflexiones, de juicios, de decepciones. No hay nada grotesco ni deliberadamente amable. No nos adula como lo deseamos secretamente cuando leemos un libro, por el contrario nos sugiere que hay·algo podrido en Dinamarca.
Fuego que devoras fuego
Por qué juegas a morder tu cola
Arde tu lomo sobre la hierba mustia
Qué imposible amor te quita el sueño
Fuego que devoras hombres
Hombres que ladran sin hambre
Por qué lames el hueso del deseo si no piensas devorarlo
Por qué te alimentas del fracaso
Queda un árbol en la tierra devastada
Último refugio de fieras famélicas
Arca de Noé en el desierto
Un mar en llamas avanza hasta su tallo
De esa agua beberá y será mágica pócima
Cuando las lenguas lo tiñan de hollín
Cuando sin hambre ladre