''Era, en efecto, el automóvil de Maruja. Había transcurrido por lo menos media hora desde el secuestro, y sólo quedaban los rastros: el cristal del lado del chofer destruido por un balazo, la mancha de sangre y el granizo de vidrio en el asiento, y la sombra húmeda en el asfalto, de donde acababan de llevarse al chofer todavía con vida. El resto estaba limpio y en orden''
De todos los tormentos crecen hojas
Gajos que arrasan como nieve
Gajos que cubren otros gajos
Hoja sobre hoja
Este desierto nunca deja de gotear
No alcanzará toda la arena para evitar su éxodo
Late su pulso de sílice
Un aluvión de polvo se derrama en el vacío
De todos los tormentos la arena se alimenta
Del vano porvenir
Del pasado mustio
Ningún reloj confía en sus agujas
Nada gira
Nada vuelve