Bienvenidos. Dejen sus abrigos por ahí y acerquen esas sillas. Vos traé la ginebra y seis vasos. Señores, las cartas están echadas. En esta mano volvieron a ponerse las cosas en su lugar, como Dios manda. Ahora el mazo está de este lado de la mesa. Todos ustedes están muertos. Muertos por flojos. Muertos por ingenuos. Muertos por infelices. Muertos por imbéciles. Están muertos con el anzuelo en la boca. Muertos por venganza. Muertos por error. Están muertos al fin. No hay azar que sea propicio. No habrá naipe que obligue a ventura alguna. Yo soy la traición y no el olvido. Jueguen su última mano y despídanse. Nada más que este libro apócrifo los recordará.
Blas
Rubor de vergüenza
Rojos restos sobre el mantel
Sobre los labios morados y dulces
Jamás una palabra de amor por temor
Mudo miedo
Barranco hambriento de esperanzas
Labios cerrados en bocas cerradas
Hay una isla donde mueren los valientes
Tiembla la tierra con cada boca que se abre
Late un corazón herido
Busca una palabra como una mano que acaricia
Nada oye escaparse de los labios