Bienvenidos. Dejen sus abrigos por ahí y acerquen esas sillas. Vos traé la ginebra y seis vasos. Señores, las cartas están echadas. En esta mano volvieron a ponerse las cosas en su lugar, como Dios manda. Ahora el mazo está de este lado de la mesa. Todos ustedes están muertos. Muertos por flojos. Muertos por ingenuos. Muertos por infelices. Muertos por imbéciles. Están muertos con el anzuelo en la boca. Muertos por venganza. Muertos por error. Están muertos al fin. No hay azar que sea propicio. No habrá naipe que obligue a ventura alguna. Yo soy la traición y no el olvido. Jueguen su última mano y despídanse. Nada más que este libro apócrifo los recordará.
Blas
Había luz en el ocaso
Había cielo translúcido mar translúcido
Había deseo con forma de horizonte
Había tierra firme más allá del más allá
Había silencio en el ocaso
Había mensajes longevos en botellas longevas
Había aire rojo cielo rojo
Había un cortejo de gaviotas
Ante qué paredón mueren las aguas
Muro de cielo donde el mar se precipita
Fosa común donde el sol no arde
Al final de este barranco caen las horas
Brutal abismo que devoras tiempo
Por qué cierras mis ojos con una caricia