Jugar a la ausencia, al abandono, a la soledad. Jugar a los fantasmas. Como en el juego de damas, unos se comen a otros, en caminos diagonales y todo el tema es lograr no ser devorado. Así es la historia de la niña protagonista de esta novela en su pesadilla familiar donde Tito y su enigmática presencia es el extraño antídoto de un padre casi brutal y de una madre que va camino a la destrucción. Sin embargo, la voz de la niña, la fluidez de su lenguaje, su ácida inteligencia mezclada a la inocencia, nos cautivan al punto de sufrir con ella, pero también de fascinarnos. En este clima cortazariano por la magia, vamos cayendo en el impacto y la sorpresa de las últimas páginas. Con la atmósfera del primer libro de Patricia Bence Castilla “Felices los niños”, la infancia elabora su infierno disfrazado de paraíso perdido.
Liliana Díaz Mindurry