Estos poemas suscitan lo que toda poesía que merezca tal nombre: una conmovedora sensación de extrañeza, de transitar un borde. Que bien podría tratarse del extrañamiento de una sensibilidad aguzada frente al ineluctable paso del tiempo, o de su incomodidad al no sentirse, por completo, perteneciente a un lugar previsible en el mundo.
(...) Patricia Bence Castilla pulsa con sabiduría y tocante sensibilidad poética los variados registros de la rebeldía, mezclada -¿por qué no?- con la estoica aceptación, ante la cotidiana comprobación de lo relativo de un ser humano en relación con el cosmos y con lo colectivo-masificado. Y, más aún, frente al enigma de ese si-mismo que nos acecha desde el espejo. Y si por una parte alcanza extremos de admirable ternura en el poema «Claroscuro», dedicado a la recordada poeta Celia Gourinski, por la otra transmite al cómplice-lector el angustiado interrogante que cierra este poemario de belleza incomún: "¿Serán los pájaros, el caos, la vaciedad del caos, el agujero? ¿El vértice? ¿El lateral de la pared en sombras? ¿La última página? ¿El insomnio? ¿Será eso?" Para responderse, ahondando aún más la duda: "Es lo que creo. / Pero no." En suma: el esplendente vértigo de la poesía que propone su palabra cuestionadora.
Jorge Ariel Madrazo
Hace días que no duermo
Ciego
Con el vacío de los párpados
Livianos
Inútiles
Hace días
Meses
Veo voces
Mudas súplicas
El dolor de una herida que no sangra
No hace mucho
Cayó una hoja
Lejos de su tallo
En silencio
Oculta
Entre ajenos amarillos
Y murió
No como muere el día
Junto a la fe del próximo
Murió como muere un hombre
Con la verdad irreversible del tormento
Hace noches
Otras noches
Llegaban voces
Como niño con caricias
Con pequeñas manos cóncavas
a los oídos abiertos
y al cuerpo escuchando
Hace noches que no duermo
Gira el vientre y gira
El abismo
—Cielorraso—
Como gota imperturbable se desploma
Otra fe sin esperanzas
Y el silencio que oprime
Como un abrazo vacío.