Estos poemas suscitan lo que toda poesía que merezca tal nombre: una conmovedora sensación de extrañeza, de transitar un borde. Que bien podría tratarse del extrañamiento de una sensibilidad aguzada frente al ineluctable paso del tiempo, o de su incomodidad al no sentirse, por completo, perteneciente a un lugar previsible en el mundo.
(...) Patricia Bence Castilla pulsa con sabiduría y tocante sensibilidad poética los variados registros de la rebeldía, mezclada -¿por qué no?- con la estoica aceptación, ante la cotidiana comprobación de lo relativo de un ser humano en relación con el cosmos y con lo colectivo-masificado. Y, más aún, frente al enigma de ese si-mismo que nos acecha desde el espejo. Y si por una parte alcanza extremos de admirable ternura en el poema «Claroscuro», dedicado a la recordada poeta Celia Gourinski, por la otra transmite al cómplice-lector el angustiado interrogante que cierra este poemario de belleza incomún: "¿Serán los pájaros, el caos, la vaciedad del caos, el agujero? ¿El vértice? ¿El lateral de la pared en sombras? ¿La última página? ¿El insomnio? ¿Será eso?" Para responderse, ahondando aún más la duda: "Es lo que creo. / Pero no." En suma: el esplendente vértigo de la poesía que propone su palabra cuestionadora.
Jorge Ariel Madrazo