Uno agradece este pequeño cuaderno de navegación porque es un diamante: una poesía despojada que, en su deseo de evitar el adorno, capta lo necesario y se llena de intensidad. Logra una mística que es balbuceo y, a la vez, desintegración. La violencia está en su aparente calma y en lo que esconde, además de ser una viva fidelidad a lo que es fundamento y esencia.
Liliana Díaz Mindurry
Respiré aire vacío de aire
Vacío de tierra vacío de arena
Vacío de vida
Respiré sin saber que respiraba
No ves que tengo los pulmones secos
Secos de aire secos de nada
Una brisa hizo un doblez en cada uno
Y los cubrió bajo la almohada
Ahora sueña con lluvia y truenos y relámpagos
Ahora suspira de espanto
Un rayo le abre la boca y le quita el aire
El último aire vacío de aire
Sueño que a la almohada hago un doblez
Y apoyo mi cabeza
Vacía de vida