Uno agradece este pequeño cuaderno de navegación porque es un diamante: una poesía despojada que, en su deseo de evitar el adorno, capta lo necesario y se llena de intensidad. Logra una mística que es balbuceo y, a la vez, desintegración. La violencia está en su aparente calma y en lo que esconde, además de ser una viva fidelidad a lo que es fundamento y esencia.
Liliana Díaz Mindurry
Vibra la madera en la guitarra
Vibra el metal junto al músico que sopla
Vibra la gota hostigada por el viento
No sabe la madera del misterio de la música
Nada sabe el bronce de los dedos de Coltrane
Todo pentagrama guarda un lamento en cada nota
Llora la madera junto al llanto de las cuerdas
El metal desgarra un canto
Es el viento lo que amansa
Nada significan sin un cuerpo que los frote
Como este papel quebrado
Como esta escritura rota