“¿Cuántas ellas (Bellas) serán necesarias para afrontar a la Bestia? Tú y mí y ellas, esas ellas, esas todas, algunas, otras (nonatas incluidas). Como Alicia[1], la autora atraviesa el espejo y puede mirar/mirarse. En uno u otro espacio siempre avanzará sobre el supuesto enemigo (también aterrado, también sufriente): ella misma. Bella besa a Bestia cuando comprende que él es su sombra (y se compadece y enamora; es decir, se acepta[2]). También Patricia reivindica a este animal de siete cabezas, lo redime (como Teseo y el minotauro imaginados por Jorge Luis Borges).
Se destacan, asimismo, la citas elegidas y los dibujos (bellísimos), que construyen el universo de este libro doloroso y valiente construido entre la poesía y la prosa poética, pleno de imágenes, de vasto vocabulario y sólida intertextualidad. Las “mismas pecas lunares gestos rasgos...” el mismo cuadro de familia de cualquiera de nosotros. Lectores en guardia (atentos, prevenidos, recelosos, expectantes) todo el tiempo.”
Ana Guillot
[1] Caroll, Lewis. “Alicia a través del espejo”.
[2] Leprince de Beaumont. “La Bella y la Bestia”.
Asco hastío
Tedio lata desgano
Harto de fastidio
Vuelvo a empezar
Asco hastío
Penas que redoblan penas
Fracasos que reviven fracasos
Nada cambia si se vuelve a nacer
Que vuelen hojas como pájaros como piedras
Que nadie sepa de esta sombra
Harto de mí me tiene este hastío
Sobre un lecho de granito cae mi cuerpo
Nadie buscará huellas en la roca
Demasiado duro es el aire que respiro