En su libro Babel, Patricia Bence Castilla, deliberadamente elude todo barroquismo hasta dejar el poema en su más mínimo enunciado.
La autora nos dice en uno de su poemas: y así una vez más/ la oscilación como la certidumbre durmiendo en cada esquina/ como si nadie/ nunca/ hubiese preguntado por el color de la tristeza, dejando a la palabra desnuda, aislada de sí misma, pero a su vez, como único modo de expresar el desconcierto.
Esta poesía gira sobre el contrasentido, logrando eficacia y armonía.
En definitiva, Babel, cae sin falsos eufemismos, en el vacío que emerge de las palabras, cuando éstas, se escapan de su verdadero sentido.
Niño que juegas
No quieras saber más de lo que sabes
Basta que seas abrigo para unas manos que se agitan
Y que de miedo tiemblan
No preguntes qué pócima he bebido
En qué cárcel me han vaciado el cuerpo
Mi condena es tu condena
La de Cronos, la de Kairós, la de Aión
Nada más sabio que el refugio donde habitas
Donde la inocencia es puro olvido
Donde todo insiste en perdurar
No mires esta piel que se deshoja
Y ríe sin temores
Que el tiempo se detiene