Tal cual el titulo de esta novela de Patricia Bence Castilla, donde el factor de la culpa, del error, de la pérdida de orientación y de sentido, marca a la protagonista: La hermana superiora de un convento. Lugar donde ingresa el lector desde las primeras líneas y donde se coloca el centro, el lugar preciso, el blanco errado de la protagonista, junto a la niña conventual, Magdalena, cuya personalidad rompe cualquier regla establecida. Es aquí donde comienza a tejerse una trama difícil. Van saliendo a la luz viejos rencores, antiguas pasiones, de estos hijos de familias tradicionales cuyos lugares de proveniencia parecen oscuros. Los hilos comienzan a envolver a los cuatro personajes principales: La hermana superiora, la niña conventual, Magdalena, el Padre Lorenzo (quien abre una brecha profunda entre las primeras, no solo, porque se descubre un pasado fiel a la dictadura militar, lo que hace, en definitiva, que se ponga en tela de juicio la confianza que la hermana superiora había sentido por el cura hasta entonces) a la que se suma, una amiga entrañable, con quien la hermana Clarisa aparentemente ha mantenido una relación íntima. La hermana Teresa, su única amiga.
Errar al blanco, dice, más que sugiere, con un narrador en segunda persona, una voz de la conciencia que hostiga entre el interés de liberarse de antiguos mandatos y falsas ataduras y al incierto legado del deberías. Esto obligará a la hermana superiora a decidir entre la responsabilidad del camino elegido, el deseo provocado por su amor hacia Magdalena y, también el desconcierto por no saber si tan solo se imagina o es real, la relación que mantiene esta niña, con el Padre Lorenzo.
Una novela psicológica donde los personajes, fuera de los ámbitos comunes, encerrados tras las paredes del convento, desnudan sus luchas internas: el poder, el miedo, los celos, el amor. Finalmente, la ambivalencia, el hecho de saber desde un principio que la protagonista ha errado: que tanto el blanco como la flecha, no están en su lugar.
Gira el tiempo y gira
Huye con hojas y pasados
Lo sigue el presente efímero
El último suspiro de una vela
Traerá solamente abismos
Algún infierno en la voz de otro demonio
Vestido con rojo o con fuego
Pasará el filo por las huellas de mi frente
Me arrancará las cejas
Vomitará en mi cara
En cada ojo clavará su horca de tres puntas
Y querrá rodear mi cuello con la soga
Con un pie en mi boca jalará bien fuerte
Hasta que todo su cuerpo apunte al cielo
Cuánta ironía
Gira el tiempo y gira
Volverá con el futuro sin historia
Que nada sabe
Que no recuerda