En la otra puerta

La cifra

La cifra, de Jorge Luis Borges

Jorge Luis Borges

1981 - Poesía

Emecé

La cifra, anteúltimo libro de poesía de Jorge Luis Borges, reúne cuarenta y cinco composiciones escritas entre 1978 y 1981. La búsqueda del instante que puede justificar el sentido de una vida o del universo es la materia de cada texto. Como declara el autor en el prólogo, dicho proceso tiene un carácter marcadamente intelectual; sin embargo, un fuego secreto domina el volumen. En sus páginas el verso libre, el soneto y la prosa poética se alternan como instrumentos de precisión destinados a proporcionar una clave íntima: ciertas lecturas, ciertos amores, una esquina de Buenos Aires, el recuerdo de alguna muerte violenta, el cambiante rostro que permanece en los espejos.

Obras de Jorge Luis Borges

  • 1985 - Los conjurados - (Poesía)
  • 1983 - La memoria de Shakespeare - (Cuento)
  • 1981 - La cifra - (Poesía)
  • 1979 - Obras completas, en colaboración - (Textos)
  • 1977 - Historia de la noche - (Poesía)
  • 1975 - El libro de arena - (Cuento)
  • 1975 - La rosa profunda - (Poesía)
  • 1975 - La moneda de hierro - (Poesía)
  • 1974 - Obras completas - (Textos)
  • 1972 - El oro de los tigres - (Poesía)
  • 1970 - El informe de Brodie - (Cuentos)
  • 1969 - Elogio de la sombra - (Poesía)
  • 1965 - Para las seis cuerdas - (Poesía)
  • 1964 - El otro,el mismo - (Poesía)
  • 1960 - El Hacedor - (Poesía)
  • 1951 - La muerte y la brújula - (Cuento)
  • 1949 - El aleph - (Cuento)
  • 1944 - Ficciones - (Cuentos)
  • 1942 - El jardín de senderos que se bifurcan - (Cuentos)
  • 1935 - Historia universal de la infamia - (Cuento)
  • 1929 - Cuaderno de San Martín - (Poesía)
  • 1925 - Luna de enfrente - (Poesía)
  • 1923 - Fervor de Buenos Aires - (Poesía)
  • Un día como hoy en 1904 nace Pablo Neruda

    12 de julio de 1904 - Nace Pablo Neruda

    Entre sombra y espacio, entre guarniciones y doncellas,dotado de corazón singular y sueños funestos,precipitadamente pálido, marchito en la frente,y con luto de viudo furioso por cada día de vida,ay, para cada agua invisible que bebo soñolientamente,y de todo sonido que acojo temblando,tengo la misma sed ausente y la misma fiebre fría,un oído que nace, una angustia indirecta,como si llegaran ladrones o fantasmas,y en una cáscara de extensión fija y profunda,como un camarero humillado, como una campana un poco ronca,como un espejo viejo, como un olor de casa solaen la que los huéspedes entran de noche perdidamente ebrios,y hay un olor de ropa tirada al suelo, y una ausencia de flores,posiblemente de otro modo aún menos melancólico,pero, la verdad, de pronto, el viento que azota mi pecho,las noches de substancia infinita caídas en mi dormitorio,el ruido de un día que arde con sacrificio,me piden lo profético que hay en mí, con melancolía,y un golpe de objetos que llaman sin ser respondidoshay, y un movimiento sin tregua, y un nombre confuso.

    ¿Cuál es el título del cuento en el que Cortázar nos relata la lucha de alguien por ponerse un pulóver?

    Antonio Barnés Vázquez.

    Antonio Barnés Vázquez.

    Las dos criaturas

    Las dos criaturas

    Por Daniel Ruiz Rubini

    El poema de hoy

    Amor América

    Antes de la peluca y la casaca fueron los ríos, ríos arteriales; fueron las cordilleras, en cuya onda raída el cóndor o la nieve parecían inmóviles; fue la humedad y la espesura, el trueno sin nombre todavía, las pampas planetarias. El hombre tierra fue, vasija, párpado del barro trémulo, forma de la arcilla; fue cántaro caribe, piedra chibcha, copa imperial o sílice araucana. Tierno y sangriento fue, pero en la empuñadura de su arma de cristal humedecida, las iniciales de la tierra estaban escritas. Nadie pudo recordarlas después: el viento las olvidó, el idioma del agua fue enterrado, las claves se perdieron o se inundaron de silencio o sangre. No se perdió la vida, hermanos pastorales. Pero como una rosa salvaje cayó una gota roja en la espesura, y se apagó una lámpara de tierra. Yo estoy aquí para contar la historia. Desde la paz del búfalo hasta las azotadas arenas de la tierra final, en las espumas acumuladas de la luz antártica, y por las madrigueras despeñadas de la sombría paz venezolana, te busqué, padre mío, joven guerrero de tiniebla y cobre, o tú, planta nupcial, cabellera indomable, madre caimán, metálica paloma. Yo, incásico del légamo, toqué la piedra y dije: ¿Quién me espera? Y apreté la mano sobre un puñado de cristal vacío. Pero anduve entre flores zapotecas, y dulce era la luz como un venado, y era la sombra como un párpado verde. Tierra mía sin nombre, sin América, estambre equinoccial, lanza de púrpura, tu aroma me trepó por raíces hasta la copa que bebía, hasta la más delgada palabra aún no nacida de mi boca.

    Pablo Neruda

    Canto general (1950)
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