En estos cuentos, Borges retoma sus temas favoritos y, de acuerdo con su acostumbrada modalidad inventiva, les da un imprevisto y deslumbrante planteo. El autor arriesga en cada página una nueva imaginación del universo fantástico, el universo más cabal de la literatura, que él como ninguno supo crear. Reconocida su capacidad para construir metáforas estéticas de trascendencia filosófica, los relatos aquí incluidos agudizan la intriga de la trama y las situaciones personales que cada protagonista debe afrontar; los desenlaces justos, matemáticos, nunca pierden la sensibilidad característica de sus poemas. Los dieciocho cuentos que componen El aleph cumplen su milagro geométrico de un estilo riguroso y a la vez comunicativo y sugerente.
A los que buscan el Borges brillante de los interminables juegos mentales, están destinados El Zahir, Los dos reyes y los dos laberintos, Los teólogos, el propio Aleph que da título al libro, y otros. Quienes prefieren al Borges caminador de Buenos Aires, de este escenario que siempre está dando fondo y perspectiva nacional a su obra, encontrarán El muerto, La espera y Emma Zunz -divulgado por el cine con el nombre de Días de odio-. Tampoco faltan aquí la historia y la tradición: Biografía de Tadeo Isidro Cruz, La otra muerte y La historia del guerrero y la cautiva, son momentos de la permanente nostalgia argentina de Jorge Luis Borges.
Qué será del mustio olor a ser vivo
Qué será del reloj que siempre vuelve a su cuenta
Estas manos no son manos
Y el aire es una tregua entre la arena que cae
Un tiempo muerto antes del despertar
Una muralla de voces me mantiene en alerta
Voces que gritan y voces que callan
Alaridos que desgarran hasta las fauces de los leones
Silencios oscuros y pesados como hormigas
Si somos tierra que vuelve a la tierra
Para qué el tiempo muerto
Esta arena detenida entre tanta urgencia
Este aire vacío de tormento
Qué será del mustio olor a ser vivo
Este reloj vuelve a contar las horas como espadas
Como si no hubiera sangre en el cristal de esta celda
Como si nadie viera que el rojo hilo
llega hasta la arena
Una y otra vez